viernes, 15 de enero de 2016

Y se hizo la lucha…

Por: Alberto Alejandro Meza.

Pues otra vez ando por aquí, escribiendo acerca del rudo deporte de las máscaras y las cabelleras. Pues bien, ya hemos platicado de porque la lucha libre mexicana es un fenómeno cultural de gran importancia en nuestro país y hemos explicado el porque la lucha libre es realidad y fantasía al mismo tiempo.

Pero no siempre fue así, la lucha libre tiene 82 años cómo deporte profesional en México, pero se tienen registros de que ya había lucha muchos años antes, claro que era muy diferente a lo que estamos acostumbrados, o muy diferente a las luchas de “El Santo” y “Blue Demon”; no había un ring, no había campeonatos, no se apreciaban luchadores enmascarados y por lo tanto no existía el “mascara contra cabellera”, no se podía ver a un wey volando desde la tercera, es más ni siquiera andaba el cuate de las “¡totas, totas!” o el señor de las chelas.

La lucha en México en el siglo XIX era algo muy distinto, los inicios de la lucha en nuestro país también son capítulos de nuestra historia dignos de tomarse en cuenta para hacer una investigación mas profunda al respecto, por lo tanto los invito a viajar al pasado y saber cómo es que la lucha llega a nosotros y cómo al pasar de los años se va desarrollando la construcción de este deporte como símbolo cultural mexicano y así tener un contexto histórico temporal y simbólico de este interesante objeto de estudio que es la lucha libre mexicana.

El encuentro gladiatorio o combate cuerpo a cuerpo ha estado presente desde el inicio de la humanidad y el surgimiento de las primeras civilizaciones, ya sea con la finalidad de ganar territorio o con la intención y necesidad de mostrar superioridad ante otros pueblos y animales. El combate del hombre contra un semejante ha sido y será siempre una condición humana. En otras palabras al ser humano siempre le ha gustado agandallar o ponerle en su madre a otro cabrón con cualquier pretexto.

El origen de la lucha libre se remonta al siglo VIII A.C. en la Grecia antigua donde incluso el mismo Platón la practicó en su juventud, o sea que este gran filósofo griego cuando era chavo era madreador.
La lucha despertaba gran entusiasmo, los gladiadores debían demostrar preparación y pasar un examen para participar en los encuentros, luchaban desnudos (afortunadamente en nuestros días no salen así) y untados en aceite para mostrar la belleza y perfección del cuerpo, por lo que se les prohibía el acceso a las mujeres. Una figura atlética, bien formada y preparada era la condición básica.

Por el momento no ahondaré en mucha información que existe acerca de la lucha en la Grecia antigua, hay muchos datos y descripciones muy interesantes, no deseo saturarlos de información, que aunque es muy importante, lo dejaré de lado por ahora y en columnas posteriores iré explicando cómo y que tipos de luchas existían en los tiempos de Platón.

Pues bien, esta lucha que se practicaba en Grecia hace un chorro de años, era con el fin de agradar a los Dioses, también tenía el objetivo de competir entre atletas y por supuesto ser utilizada a manera de defensa personal, sobre todo por los ejércitos, ya que si por weyes en plena batalla perdían su espada, su lanza o escudo, los soldados tenían los conocimientos y preparación suficientes para tronarle un brazo, una pierna o el cuello a mano limpia a un par de pendejos enemigos antes de ser atravesados por una espada.
Algo en común que tienen la lucha en aquellos muy lejanos días con la lucha libre actual es que ya existía un público que asistía a presenciar los combates.

La lucha, cómo disciplina de defensa personal, es adoptada y fusionada con otras artes de defensa en la antigua Roma (de ahí el nombre de grecorromana), poco a poco con el paso de los años, muchas culturas van adoptando la lucha, pero no cómo competencia, cómo ya lo mencionaba anteriormente, era defensa personal, sobre todo para sus ejércitos. Incluso en nuestro país en épocas muy distantes, los aztecas practicaban ya el encuentro gladiatorio.

En el esplendor del Imperio Azteca, durante los festivales en honor a Huitzilopochtli, los guerreros mexicas celebraban maniobras y simulacros de batallas campales para mostrar al pueblo y sus gobernantes sus habilidades y capacidades guerreras que servían como entrenamiento además de divertir a los espectadores. (¿Ven? También aquí ya había gente que asistía a ver las madrinas) junto con el llamado sacrificio gladiatorio, formaban las dos modalidades del combate cuerpo a cuerpo que practicaron los aztecas, en esencia, se compartía el hecho de enfrentar a los prisioneros ante rivales superiores, así como la realización de combates del tipo de exhibiciones deportivas, las cuales funcionaban como entrenamiento y con las que se rendía culto a las deidades, costumbre similar a la de los griegos.

Ahora bien, la transformación de la gladiatura de evento ritual a espectáculo deportivo adoptó elementos de otros países, tal es el caso de un concepto fundamental para entender el significado de la lucha libre, y este es el principio de la no resistencia y del cuidado del otro, que se constituyeron en uno de los pilares básicos de este deporte, los cuales se aplican en el momento en el que el luchador se rinde, en el instante preciso en que se encuentra la contrallave para zafarse de su oponente, o bien cuando da la apariencia de que espera al otro y permite todo sin meter las manos con lo que se puede pensar que el asunto está arreglado. El principio de no resistencia implica no utilizar la fuerza bruta que podría conducir a una fractura o lastimadura sin sentido, la finalidad no es provocar un daño ex profeso:
El principio de la no resistencia que hoy se maneja, es una condición de la lucha que se remonta al pasado japonés. Tiene sus orígenes en una técnica de combate denominada Jiu-Jitsu, creada por los monjes Lamas para defenderse de los asaltantes y de problemas de los caminos. El Jiu-Jitsu se basa en un conjunto agarres del cuerpo y golpes en los que se utilizan manos, dedos, codos y pies. Uno de sus principios básicos es el de la no resistencia, es decir, a la fuerza no se aplica la fuerza sino la inteligencia. Esta regla se aplica a partir de una leyenda antigua:
Se cuenta que un monje anciano solía entregarse a la meditación paseando por el campo, un día de crudo invierno, en el que la nieve alcanzaba metros de altura, se dio cuenta de que las ramas gruesas de los árboles se quebraban con el peso de la nieve, porque oponía su propio peso y además no tenía elasticidad como las ramas delgadas que solo se doblaban y recuperaban su posición cuando se libraban de la nieve”.

El principio de no resistencia hace la diferencia entre quienes practican la lucha libre y aquellos que sólo combaten de manera violenta o a lo pendejo. Para el luchador es importante saber aplicar una técnica, pero es aún más importante saber recibir el castigo para no salir madreado. Por ello, la lucha libre requiere de años de preparación para que además de evitar las lesiones por los castigos y llaves, el combate se vea vistoso y lucidor ante el público.

Como técnica de combate, el Jiu-Jitsu formó parte del entrenamiento y preparación de algunos luchadores. En su preparación, el luchador exige aprender el manejo del cuerpo, si se lanza de las cuerdas no puede titubear, ya que una duda puede resultar en una lesión de gravedad que lo mantenga fuera mucho tiempo. A veces cuando algún gladiador prepara un salto desde la tercera cuerda, cae sobre otro o parece que el oponente lo espera, porque guardan una conciencia de dependencia y de protección mutua, por ello tratan de amortiguar el golpe, aunque lleven las de perder. La no resistencia y cuidado del otro, se convirtieron en el germen del espectáculo. En otras palabras podemos definir “el principio de la no resistencia” cómo “Flojito y cooperando”.

Pero… ¿Qué pasa en México? ¿Cómo llega la lucha libre?
Pues bien, en tiempos de Maximiliano, había ya exhibiciones de lucha, nada parecido a lo que conocemos, eran exhibiciones de fuerza cómo cargar objetos muy pesados, jalar carretas llenas de troncos o retar al público asistente, se subía un luchador a un escenario (Muy parecido a un ring) y si alguien del público le aguantaba determinado tiempo sin rendirse, correr o quedar inconsciente, se ganaban un varo, o incluso los retos eran hasta de tres espectadores contra el luchador, pero aún no se veían encuentros entre dos luchadores.

Entonces comienza la Lucha Libre profesional en México.
El mexicano Antonio Pérez de Prian es reconocido como el primer luchador profesional mexicano, tras haber sido instruido por un soldado francés (de los que venía con Maximiliano) haría llamar El Alcides Mexicano. Su debut fue a finales del año de 1860, en aquel entonces luchó contra un afroamericano de nombre Henry Buckel, a quien derrotó. Posteriormente El Alcides tendría otros rivales como un gladiador extranjero de apellido Davis, pero únicamente en combates de exhibición, además realizó actos de fuerza física que ya despertaban el morbo de los aficionados.
Con el paso del tiempo, Antonio Pérez de Prian, se dedicó a enseñar lucha grecorromana a los jóvenes aspirantes de la época porfirista. Lo hizo en el Gimnasio Higiénico y Medicinal ubicado en la antigua calle de San Agustín, el cual había sido fundado por otro inmigrante francés y al parecer también ex soldado de nombre M. Tourin. A este gimnasio se le considera como el primer centro de enseñanza de lucha grecorromana en el país.
En 1910 se crean en México las primeras empresas de lucha libre, que al no contar con un recinto específico para los encuentros, se presentan en lugares como el Teatro Principal. Los empresarios de espectáculos pronto se dan cuenta del negocio y la incluyen como parte de los eventos o complemento de su cartelera. Y cómo siempre el varo es lo que da la pauta para que la lucha despertara mayor interés.

Con programas llenos de luchadores extranjeros traen a México al Conde Koma y al japonés Satake Nabutaka. Los choques resultan un espléndido negocio, así como un excelente espectáculo con una impresionante respuesta por parte del público asistente, lo que demandaba espacios para su exhibición. Más gente querìa ver las luchas.
Es hasta 1924 que Vicente del Villar, propietario del teatro Tívoli, inicia la construcción de una arena de lucha en el fondo de este teatro, llamándola precisamente Arena Tívoli, primer recinto creado para albergar encuentro de box y lucha en México. El espectáculo ampliaba su público y poco a poco comenzaron a surgir más arenas. En 1927 se inaugura La Degollado, propiedad de Jammes Friten, quien para 1930 también inaugura la Arena Nacional, en el espacio que hoy se conoce como el cine Palacio Chino.
En el mismo año de 1930 hace su aparición la Arena Modelo para dar función de box y lucha en un lote baldío, pero su manteado no servía y la lluvia era inclemente con los asistentes, por lo que fue clausurada en septiembre de 1931.

La evolución de la lucha libre es una mezcla de combate cuerpo a cuerpo, artes marciales y espectáculo. Es una revoltura de lucha y combate de otros países y otros tiempos, Grecia, Roma, Japón, Francia entre otros, aportaron algo a la lucha en nuestro país, sin olvidar que aquí le dimos otro sentido, le dimos un toque muy mexicano y una identidad propia que hace a nuestro “deporte del costalazo” único a nivel mundial. Todo esto nos da como resultado el fenómeno social que hoy en día se sigue dando en las arenas y que se ha convertido en una gran industria.
Es por ello que el esquema planteado por la mecánica de rudos y técnicos en la lucha libre mexicana, ha permitido su reproducción por varias décadas sorprendiendo y cautivando a un público que sigue sintiendo la misma emoción en los encuentros actuales de lucha libre, así como aquellos que presenciaron la lucha de máscaras entre el Santo y Shadow ocurrida hace más de medio siglo, y es por ello que ha trascendido como parte de la vida cotidiana y la cultura popular con todas sus leyendas, mitos y héroes.

Estos son los antecedentes de cómo llega la lucha a México, próximamente conoceremos cómo y porque surge ese elemento tan característico de nuestra lucha: La Máscara y por supuesto que no pude faltar un personaje fundamental en la historia de lucha libre mexicana: Salvador Lutteroth González.

Por ahora me despido “Finisterrícolas” Deseando que mi columna haya sido de su agrado y nos leemos la próxima semana.





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