domingo, 14 de febrero de 2016

¿Y la cabellera?



Por: Alberto Alejandro Meza

Ya es viernes de Lucha Libre “Fisnisterrìcolas” y aquí estoy nuevamente saludándolos y escribiendo acerca del rudo “deporte del costalazo”.
La semana pasada les comenté cómo es que surge la máscara dentro de la lucha, cómo llega a México y de que manera la adoptamos hasta convertirla en algo propio, nuestro, en un símbolo de poder y lo más preciado para muchos luchadores.
Recordemos que la máscara, tampoco es algo nuevo ni exclusivo de la lucha libre mexicana. Desde tiempo muy remotos la máscara es la representación del bien o del mal, símbolo que provoca miedo o en caso contrario veneración y admiración.

Al principio de los tiempos, el ser humano ha portado máscaras, cubre su rostro con otra imagen, con otra cara que lo transforma en otro ser, en un ente superior, mágico o fantástico o hasta maligno, con la finalidad de atemorizar a sus enemigos o estar en contacto con los dioses.
Desde hace algunas décadas, al hablar de lucha libre mexicana, inmediatamente nos viene a la mente la imagen de una máscara, en nuestro país, la máscara es un elemento fundamental y característico de nuestra lucha, no se puede hablar de luchas en México sin hacer referencia a la máscara, se ha convertido en algo muy nuestro, muy mexicano y por extraño que parezca, la máscara y los luchadores que la portaban, no surgieron en nuestro país.

Les platicaba que el primer luchador profesional enmascarado del que se tiene registro, surge en Francia en 1873, conocido “Le Lutteur Masqué”, o sea “El Luchador Enmascarado”. (Tanto pinche francés pa` la mamada de nombre).
En 1915 por fin hace su aparición el primer luchador enmascarado en los Estados Unidos, un misterioso gladiador nombrado “The Marvel Masked” (Originalidad ante todo para el nombre). Poco después se daría a conocer la identidad de éste gladiador: Mort Henderson.

Tiempo después en 1934 en México, un luchador de nombre Luis Núñez, se entera del éxito que tuvo en un principio “The Marvel Masked” y decide enmascararse haciéndose llamar “El Enmascarado” (¡Con un demonio! ¿No podían inventar otro nombre? No sè, “El Muerto”, “El Fantasma”, “El Tornado”, “El Asesino”, “El Sicario”, “El Gangster”, etc.) En fin está comprobado que para esa época no tenían imaginación para inventarse un mote de luchador.

Núñez no tiene éxito y desaparece, entonces surge “Gordon McKey”, luchador estadounidense que luchaba con el sobrenombre de “Ciclón McKey”.
En noviembre de 1934 hace su aparición con gran éxito “La Maravilla Enmascarada”. McKey, sin pensarlo resultó ser una inspiración para que los luchadores mexicanos comenzaran a enmascararse.
Es así cómo poco a poco el fenómeno de los luchadores enmascarados va desapareciendo en los Estados Unidos y en México surgen cada vez más luchadores enmascarados, les mencionaba que a la máscara se le va dando un valor simbólico demasiado grande, a tal grado que cuando una rivalidad llega al límite y dos luchadores ya no se soportan, se odian, se lastiman, se humillan, llegan a la modalidad de nuestro deporte del costalazo más importante y mórbida que existe: “Máscara contra Máscara”.
Una lucha uno contra uno a dos de tres caídas sin límite de tiempo, sin importar edad, peso, jerarquías, no importa si se es rudo o técnico o cuantos campeonatos se poseen, lo que verdaderamente importa es defender lo más preciado para un luchador en México: “La Màscara”
Para ello se requiere fuerza, condición física, amplio conocimiento del llaveo y contrallaveo y técnica, así cómo se puede recurrir a la rudeza y artimañas, pero sobre todo se necesita corazón para salir avante en una lucha tan importante.
El ganador conserva el misterio y por supuesto que el perdedor debe pagar tributo y entregar tan sagrada prenda a su verdugo, revelando su nombre real, su edad y el tiempo que tiene còmo luchador profesional. Algunos desenmascarados al mostrar su rostro siguen teniendo éxito y aceptación por parte del aficionado, algunos poco a poco son olvidados hasta desaparecer o portar otra máscara con otro nombre y otro personaje.

Bien, ya hablamos mucho del origen y del valor que tiene la máscara en nuestra lucha libre: ¿Y la cabellera?
Cómo es sabido, en un principio la mayoría de los luchadores en México no utilizaban máscara ni un equipo vistoso y colorido, sabían al ring utilizando un calzón y unas botas, por supuesto sin olvidar un cabello bien recortado y bien peinado además de un bigotito al puro estilo de Pedro Infante.

De igual manera no utilizaban un sobrenombre o un mote para darse a conocer, los luchadores de antaño usaban sus nombres reales, por ejemplo: Octavio Gaona, Merced Gómez, Firpo Segura, Daniel Aldana, Héctor López, Rolando Vera, Al Amezcua, etc.
De hecho las primeras luchas de apuestas en México ni siquiera eran de “Mascara contra Máscara”, eran de “Máscara contra Cabellera”, es decir desde los años 30`s, estos dos elementos ya se habían convertido en símbolos de poder sin que los mismos luchadores se hubiesen dado cuenta.
Una de las luchas de esa índole más recordada sucedió en 1939, cuando Octavio Gaona despojó de la “tapa” al “Murciélago Enmascarado” que resultó ser Jesús Velazquez, a quién ya les había mencionado la semana pasada.

Con el paso de los años y la evolución que va presentando la lucha libre mexicana, los encuentros por las máscaras se van convirtiendo en combates de mucha expectación y muy atractivos para los aficionados, empiezan a caer máscaras legendarias y a surgir nuevos ídolos de la afición.
Pero ¿Qué pasa con los luchadores que perdían la máscara o con los que nunca utilizaron una? Algo tenían que apostar para encumbrarse.
Se requería poner en juego algo que al perder el rival se sintiera derrotado, pero no sólo eso: Humillado.

¡Qué mejor humillación que ser rapado en público! Recuerdo que alguna vez Jesús Reyes (Máscara año 2000) declaró que es mucho más penoso y humillante ser pelado en público que despojarse de la incógnita.
Comienzan entonces los encuentros “Cabellera contra Cabellera” y aunque en ocasiones no despierta el morbo o la expectativa que genera una lucha por las máscaras, es otra modalidad de apuesta donde se defiende a toda costa el cabello, al cuál también se le esta dando el estatus de poderío (recordemos al pendejo de Sansón, que por unas nalguitas se quedó pelón, debilucho y madreado).

La lucha por las cabelleras es hasta cierto punto similar a la de mascaras, un par de cabrones ya no se aguantan, cada que se encuentran se meten unas salvajes madrinas, al grado de ya ni siquiera importarles si ganan o no la lucha, lo que interesa en ese instante es ponerle en su madre al odiado rival, lastimarlo y humillarlo, y cómo no utilizan máscara lo que queda es el folículo capilar (o sea la pinche greña) para apostar en una lucha uno contra uno, un mano a mano para definir quién es mejor.

La preparación en el gimnasio es sumamente importante, sin olvidar que se trata de luchadores profesionales, que al igual que los enmascarados son expertos en las llaves y contrallaves. Técnica y rudeza son necesarias para defender éste otro elemento tan preciado e importante en la lucha libre mexicana: “La Cabellera”.
El ganador conserva el pelo y obviamente el derrotado es rapado delante de todo el público asistente a la arena. Humillado y de hinojos el luchador que es rapado entrega un mechòn de sus cabellos al ganador, el cuál los recibe y guarda cómo trofeo que de manera simbólica se convierten en un gran logro dentro de su carrera luchìstica.

Tal vez piensen: “El pelo vuelve a crecer y ya”, pues si, pero la humillación sufrida nadie te la quita, así que al crecer el cabello se tiene la oportunidad de buscar revancha y rapar al verdugo o iniciar o buscar nuevas rivalidades para poder rapar a algún otro contrincante.
De hecho las luchas de apuestas por las máscaras o por las cabelleras son de suma importancia en nuestro país, son luchas que nos dan una identidad única a nivel mundial, por ejemplo, en Estados Unidos no hay enmascarados, y los pocos que existen son mexicanos y en teoría si no hay luchadores con máscara se debería jugar las cabelleras… pues no, no lo hacen.
En Japón si existen más enmascarados, pero es muy raro que apuesten sus “Tapas” o sus pinches greñas. De hecho los luchadores japoneses vienen a México a entrenar y a perder sus máscaras con los gladiadores nacionales.
Otra modalidad de lucha de apuesta que existe en México y que es de las primeras en surgir en los años 30`s es la lucha de “Mascara contra Cabellera”, aunque no ahondaré mucho en el tema, porque en realidad, no despierta tanta emoción cómo las anteriores y por lo general en éste tipo de combates el ganador resulta ser el luchador enmascarado.

Sin tomar en cuenta cuestiones de mercadotecnia, el verdadero éxito de la lucha libre mexicana radica en construir un estilo propio con cualidades especiales distinguibles en casi cualquier parte del mundo.
Dicho estilo de la lucha libre mexicana se distingue visualmente desde el uso de máscaras y equipos vistosos, hasta en su ejecución donde sobresalen los lances y llaveos por parte de estetas que tienen un físico desarrollado.
El luchador mexicano en general busca guardar un equilibrio entre la fuerza y la agilidad. De manera particular, la lucha libre mexicana combina el deporte con el espectáculo; la atmósfera que se crea en una arena de lucha libre permite al público transportarse al Coliseo romano y pedir combates de gran calidad.
Las características más importantes, por las cuáles la lucha libre es reconocida a nivel mundial son las máscaras y las cabelleras, esos elementos tan importantes para muchos luchadores que en realidad guardan el misterio y la fuerza mítica de la persona que se desempeña en el ring y que crea un ambiente de misticismo y enigma, dando un toque especial y emotividad a la lucha de apuestas, las cuales nacieron en México.

Como puede verse, la importancia de la lucha libre mexicana trasciende fronteras, y es a través de sus peculiaridades de estilo y creación de leyendas que ha llamado la atención, grandes figuras heroicas como el Santo o Blue Demon llevan sus símbolos hacia todas partes. El público se vuelve cómplice de sus mensajes, pues aunque en el fondo sabe que en el ring lo que se presenta es un espectáculo, el misticismo y la religiosidad del evento al cual siguen con pasión, es lo que conforma una gran realidad como industria cultural.
La lucha libre mexicana se dio como un fenómeno importado de otros países, pero que adquirió una singularidad propia debido al uso de máscaras y técnicas de combate derivados del principio de no resistencia, el cual hace posible hacer movimientos vistosos sin lastimar al contrario, pero ofreciendo un espectáculo donde se escenifica principalmente la batalla entre el bien y el mal, con la figura del técnico y rudo respectivamente.
El público acude a las arenas no con el afán de ver la destrucción de alguno de los combatientes, sino a admirar las ejecuciones que hacen los estetas y a calificar la buena realización, de acuerdo al papel que les corresponde representar dentro de todo este ritual.
Es cierto que el luchador echa mano de recursos histriónicos para convencer al público de su papel, pero también es cierto que para subirse al ring hace falta tener mucha preparación para cuidar la integridad física propia, así como la de los compañeros, por lo que el luchador es una figura bien pensada y preparada que además de cumplir con los requisitos del entrenamiento físico, se somete a la transformación simbólica a través de la máscara o la cabellera y el equipo para convencer de que no es él, sino el personaje, el luchador, el que va a combatir en el ring, a eso es a lo que se le denomina simplemente, hacer la lucha.

Por ahora me despido esperando que mi columna de éste viernes haya sido de su agrado y ahora ya sabemos porque la máscara y la cabellera son elementos tan importantes y me atrevo a decir fundamentales en nuestra lucha libre y porque los encuentros de “Màscara contra Màscara” y “Cabellera contra Cabellera” son tan electrizantes y emocionantes, ya sea para conocer un rostro o para ver a un luchador humillado y pelón.





miércoles, 10 de febrero de 2016

“The” Star Wars como una galaxia de posibilidades.



Por. José Ángel Garfias Frías.

Con toda la parafernalia de Star Wars por su mas reciente película, el mundo del comic también se vio ámpliamente surtido de obras derivadas de Star wars, creando un universo, el cual dicho sea de paso es bastante ámplio. Tan es así, que Disney al adquirir los derechos tuvo a bien, según ellos, empezar a reestablecer la línea temporal de Star Wars entre lo que es canónico y lo que la pertenece a la línea oficial; contra lo que no es.

Tras él éxito de la primer película, Una nueva esperanza, en los años setenta; casi de manera inmediata se continuó la historia de Star Wars a través del comic y se matuvo vigente por muchos años a los personajes expandiendo el universo para ver más aventuras del capitán Solo y la alianza rebelde contra el imperio; acompañando muy bien a la primer trilogía. Y en algunos casos especulando sobre lo que sucedía después del Regreso del Jedi, dejando siempre la espectativa de ver más películas de la saga. De esta forma, el aficionado ya tenía una idea más clara de cómo se desenvolvía este universo más allá de la primer trilogía, que veinte años después orilló a la segunda trilogía como precuela, y posteriormente al episodio VII.

Pero el episodio VII tenía una nueva administración y Disney quería reiniciar todo, después de todo, no tendría mucho atractivo y habría poca sorpresa al llevar a la pantalla lo que ya se había contado en comics como “Heredero del imperio” donde Luke Skywalker sigue en su labor de reestablecer la orden Jedi; así que la solución fue hacer un universo más pequeño y empezar a sacar de “lo oficial” muchas de estas historias y quedándose con lo menos posible para volver a contar otra vez.

De esta forma, el universo de Star Wars quedó fragmentado en dos grandes bloques. Lo clásico que sería tratado a partir de ahora como historias alternas “no oficiales “ se vendería bajo el sello LEGENDS y lo nuevo, entre ello, una nueva oleada de comics de Darth Vader y compañía, sería considerado LO OFICIAL, es decir, STAR WARS. En fin, destruir un universo para volverlo a contar.

Y bien, el propósito de esta intervención es comentar una de las obras que recientemente salió a la venta en México bajo el sello de Panini, una editorial transnacional que ha apoyado con muchas fuerzas el comic y manga en nuestro país. La obra en custión se titula THE STAR WARS, que agrega ese THE, al nombre final de STAR WARS y cuyo gran atractivo es que está basado en el primer guión escrito por George Lucas y que difiere bastante a la versión final que vimos en pantalla. Ëste comic trató de recrear esa primer versión imaginada por Lucas cuando estaba gestando la obra, y trató de apegarse lo mas posible a ese primer guión.

Pues bien, analizando la obra, el gran peso se centraba entre la lucha de caballeros Jedi y los Sith siempre resaltando esa dualidad; y no pesa tanto la cuestión del imperio y la alianza rebelde. Y por supuesto, los sables de luz siguen siendo el arma principal.

En cuanto a los personajes, el protagonista es Annikin, un joven aprendiz de caballero que vive con su padre Starkiller, y su hermano menor Deak en un planeta de la gaxia. Starkiller es un experimentado caballero Jedi que ha sido el orgullo de viejas batallas y está entrenando a sus hijos. Pero el ataque de un sorpresivo Sith acaba con su hijo menor, y su voluntad, por lo que ya no se siente capacitado para entrenar a su hijo, y debe llevarlo con el gran maestro Luke Skywalker.

El nombre de Annikin, se convirtió en Anakin para dar como resultado nuestro protagonista conocido que a la postre se convertiría en Darth Vader, aunque en actitud, Annikin es mas parecido al inexperimentado Luke de la saga original. Si bien la figura del padre desapareció en la versión final, el nombre de Starkiller se rescató cuando salió a la venta el videojuego de The Force Unleashed donde el protagonista era el aprendiz secreto de Darth Vader ubicado entre el episodio tres y cuatro; aunque nada que ver en personalidad. Y por último el Luke Skywalker de esta versión original sería más parecido al viejo Obi Wan de una nueva esperanza, para fungir como el mentor de Annikin.

La princesa Leia sigue siendo en esta versión una jóven con mucho caracter, no obstante su contexto es distinto, pues es hija de dos reyes y tiene dos hermanos pequeños con los que a lo largo de la historia habría que llevar y cargar. Si bien al final los hermanos desaparecieron en la versión cinematográfica, es un acierto para tener una princesa más en el papel de luchadora rebelde, que hija de reyes y hermana sobreprotectora. Esta princesa en su primera versión es una niña caprichosa y testaruda, pero conforme avanza la historia cae profundamente enamorada del joven Annikin, lo cual resulta bastante predecible y sin chiste. Por cierto, aquí no existe la restricción de casarse y tener sentimientos para los Jedi, pero si se apela por un autocontrol. La desición final de no hacer el romance entre Luke y Leia en la versión cinematográfica parece más acertada por no hacerlo tan predecible y enfocándose más en la batalla que en los sentimientos.

¿Y qué hay de Han Solo?, bueno, pues aquí resulta ser una versión fusionada entre Han Solo y Chewbaca. El capitán Solo es un mosntruo verde bastante musculosos que resulta ser un viejo conocido del maestro Luke Skywalker, tiene las habilidades de piloto, el carisma, la actitud y los músculos. Es un gran personaje que sobresale ante los demás, pero que al dividirlo en la pareja que ya conocemos dio un mejor resultado en pantalla, teniendo al Harrison Ford de personalidad tramposa y coqueta, y por otro lado a nuestro peludo amigo.

Los androides son fieles al diseño final, de C3PO y R2D2. Pero el cambio está en la personalidad de “Arturito”, pues aquí el robot habla y le contesta en tono grosero, todas las cosas que C3PO, le dice en su personlidad británica castrante. Resulta interesante ver como el R2D2 final de las películas perdió la voz, pero conserva esa misma personalidad irónica y burlona pero sin decir palabras y sólo con ruiditos.

Y bueno, finalmente en este universo Darth Vader existe como un comandante de las fuerzas oscuras, vestido de negro, pero sin la máscara, y en cambio muestra una cicatriz; y lo mas importante de todo es que no es un Sith, sino sólo un general de guerra. El villano final será interpretadpo por un Sith que se entremezcla en lo complejo de la historia.


Como puede verse, esta version primitiva de Star wars es una base de lo que a la postre conocemos, pero seguramente George Lucas y los ejecutivos de cine, tuvieron que darle muchas revisadas al guión y diseño de personajes parra traer a la pantalla un producto más accesible en cuanto a la trama, y complejidad de los personajes. De igual forma es indiscutible la labor de mercadotecnia que la película inauguró con la venta de figuras de acción y demás parafernalia, que a la postre es un modelo de comercialización del cine de Hollywood. Y esta es una probada de que el universo podría haber sido de muchas formas, infinitas son las posibilidades, pero es como es por alguna razón.  

viernes, 5 de febrero de 2016

La máscara símbolo de poder


Por: Alberto Alejandro Meza

Los saludos nuevamente con el gusto de siempre, ya es viernes y es turno del rudo deporte de las máscaras y las cabelleras.
Pues bien, en el capítulo anterior, les platiqué acerca de un importantísimo personaje, parte de la historia de nuestra lucha libre: Salvador Lutteroth González.
Ya que sin su visionaria manera de ver a las luchas cómo atracción, deporte y negocio, quién sabe que demonios hubiese pasado con éste maravilloso y duro deporte.

Huérfano desde muy joven, muchacho trabajador y hasta revolucionario, inspector de Hacienda y después desempleado, ganador de un buen varo en la Lotería y gracias a su gusto y admiración por la lucha libre, se convierte en empresario, construye la Arena Coliseo y la Arena México, abriendo así uno de los más importantes capítulos de la historia del deporte de nuestro país: Inicia la lucha libre profesional.

Pero aunque Lutteroth es el fundador de las luchas, ya he dado algunos datos de que la lucha cómo competencia y deporte ya existía en diversas partes del orbe, en distintas culturas milenarias y en tiempos remotos así cómo en México desde la época de Maximiliano (hasta a ése wey le gustaban los costalazos).
Así que vamos a lo que nos interesa: La Máscara….

Cómo preámbulo permítanme decirles, que la máscara, tampoco es algo nuevo ni exclusivo de la lucha libre mexicana. Desde tiempos muy antiguos, el ser humano ha utilizado máscaras, cubre su rostro con otra imagen, con otra cara que lo transforma en otro ser, en un ente superior, mágico o fantástico o hasta maligno, con la finalidad de atemorizar a sus enemigos o estar en contacto con los dioses.

Así es cómo los sacerdotes o hechiceros de antaño son poseídos por espíritus, ánimas, dioses o seres de otras dimensiones para hacer llover y obtener una buena cosecha o para tener una abundante caza al portar una máscara. O en casos más extremos, para sacrificar a uno que otro pendejo prisionero de guerra.

Los guerreros milenarios se vuelven aterradores y superiores, con la fuerza y ferocidad de un león, la vista de un águila, los reflejos de un gato, la agilidad de un mono o la velocidad de un cheeta al cubrir su rostro con una máscara.

El simple hecho de llevar en el rostro una máscara implica una transformación, con el paso del tiempo se confeccionan de madera, varas, piel o hasta metal. Pero siempre con un mismo fin: transformarse en otro ser.
Máscaras egipcias, fenicias, vikingas, celtas, chinas, samuráis, aztecas, etc., todas ellas diferentes, en cuanto a su fabricación, su aspecto, su uso, todas ellas fabricadas y utilizadas en distintos lugares, en distintas épocas. Es así cómo la máscara va definiendo poco a poco una nueva y poderosa representación, la cuál va siempre de la mano con el misticismo del simbolismo.

Basta con ponernos una máscara, o un simple maquillaje para experimentar convertirse en un ser diferente al que somos todos los días, no importa si tan sólo la usamos unos minutos, inmediatamente vamos frente a un espejo pa`ver cómo lucimos y sentir que el “Yo” de siempre se ha ido y que el wey que vemos frente al espejo es otro. Lo hacemos tal vez no con el fin de hacer llover o para intimidar al ejército enemigo, lo hacemos simplemente para salir de nuestra rutina y saber que se siente transformarse en un ente diferente. Precisamente eso es lo que hace mágica una máscara, la capacidad que nos permite tener una doble personalidad. (Hasta el puto Batman se tapa la cara).

Quien podría imaginar que esa prenda tan valiosa para las culturas antiguas, trascendería y no se perdería con el correr de los siglos, además de que fue adoptada por el rudo deporte del costalazo.
Y ya hablando de la lucha libre profesional en nuestro país, la máscara es un elemento fundamental y característico de nuestra lucha, no se puede hablar de luchas en México sin hacer referencia a la máscara, se ha convertido en algo muy nuestro, muy mexicano y por extraño que parezca, la máscara y los luchadores que la portaban, no surgieron en nuestro país.

Existen datos de hace un chingo de años, 1873 para ser más preciso, en Francia, en una exhibición de lucha grecorromana, apareció el primer luchador enmascarado del que se tiene registro, que se hacía llamar Le Lutteur Masqué, ¿¿¿Queee???; en español El Luchador enmascarado (¡Ah no mamen! Pero que pinche original y complejo al que se le ocurrió el nombre). Estoy de acuerdo y admito que por aquellos días no existían las máscaras de luchador cómo las conocemos actualmente, ni la gran gama de materiales, de colores y diseños, sé que debió haber sido una máscara de cuero, mal hecha y culerona, pero ¿¿¿y el nombre??? Que no la chinguen.
En fin se considera que éste Luchador Enmascarado fue de los primero deportistas que creyó en la lucha cómo competencia, deporte y espectáculo a la vez.

Ahora bien en 1878 nace en Humboldt, Iowa en Los Estados Unidos otro personaje que daría un giro a la lucha libre cómo deporte y cómo negocio: Frank Gotch.
Luchador profesional que fue una gran figura de su época, al igual que su acérrimo rival, el ruso George Hackenschmidt.
Se enfrentaron en varias ocasiones, la más recordada fue el 3 de abril de 1908, donde el ruso fue vencido por el gringo después de dos horas de un durísimo combate. Pero ¿Por qué mencionar a estos dos gladiadores que no usaban máscara? La razón es que por que ellos, así cómo algunos otros hicieron crecer a la lucha cómo negocio, cómo deporte y cómo competencia. Ya que después de ver a estos colosos, todo mundo deseba ver más combates de lucha libre.
Gotch y Hackenschmidt hicieron despertar el interés por la lucha, la hicieron grande y un poco más tarde llegaría la máscara, que aunque la portarían otros luchadores, le agregaría la magia y fantasía al deporte de las llaves y contrallaves que lo hacen único.

Otro dato interesante y poco conocido, es que el cine de luchadores tampoco se originó en México, los luchadores enmascarados llegan a la pantalla grande en el año 1914, en una película gringa llamada “The Masked Wrestler” (la misma estupidez del nombre otra vez. ¡Chingà! ¿Por qué demonios no se les ocurría otro nombre?).
El filme era de un wey de nombre E. H. Calvert y el actor Francis X. Bushman realizó el papel de un luchador enmascarado, el conflicto llega cuando el wey de la máscara tiene que llevar una doble vida, adoptar una personalidad secreta.
Entonces la actriz que hacía de novia de Bushman, dentro de la trama se enamora en secreto del luchador enmascarado, sin imaginarse siquiera que los dos son la misma persona. Medio pendejo el argumento, pero hay que entender que esta cinta fue exhibida hace poco más de 100 años.
Ya para 1915 por fin hace su aparición el primer luchador enmascarado en los Estados Unidos. Para ser más preciso ésta aparición se dio en New York, en la Manhattan Opera House… ¡Ay Wey!
Hubo un torneo donde se hicieron presentes grandes exponentes de la lucha de aquel entonces cómo Ed “Stranger” Lewis y Wladek Zbyszko (en casa de éste último no conocían las vocales) y por supuesto un misterioso enmascarado llamado “The Marvel Masked” (En fin, ya no diré nada acerca de los originales nombres). Poco después se daría a conocer que el wey de la máscara era un gladiador de nombre Mort Henderson, se cree que se encapuchó inspirándose en una novela de Archibald Clavering Gunter escrita a finales del siglo XIX titulada “That Frenchman”.

En un principio ese misterio cautivo a los aficionados, lo malo es que las nacientes empresas de lucha empezaron a “clonar” al encapuchado y empezaron a proliferar los “Marvel Masked” en los “Uniteds”. Lo anterior aburrió al público gringo y ese interés por saber quién estaba detrás de la máscara se fue perdiendo poco a poco.
Años después en 1934 en México, un luchador de nombre Luis Núñez, se entera del éxito que tuvo en un principio “The Marvel Masked” y decide enmascararse haciéndose llamar “El Enmascarado” ¡Puta madre! ¡Otra vez los nombres! Da coraje…

Pero, cómo ya les había comentado, la máscara no lo es todo, se necesita tener una doble personalidad y una gran capacidad histriónica para desarrollar un personaje arriba del encordado, y precisamente por no tener éste desenvolvimiento, Luis Núñez “El Enmascarado” no tuvo el éxito deseado y pronto desapareció de la escena luchìstica.
Así que “The Marvel Masked” llega a México, bueno, ya estaba en nuestro país, era un luchador de origen gringo de nombre “Gordon McKey”, que hasta entonces luchaba con el sobrenombre de “Ciclón McKey”, decide dejar ese nombre y cubrir su cara. La máscara de cuero que portaría McKey fue fabricada por Antonio Martínez, otro personaje muy importante dentro de la historia de la lucha libre en México.

Es así que en noviembre de 1934 hace su aparición con gran éxito “La Maravilla Enmascarada” ¡Me lleva el Demonio! ¿Desde 1873 no han podido inventar otro chingado nombre? McKey supo cómo interpretar su personaje de manera magistral e incluso nadie se imaginaba que él y “La Maravilla Enmascarada” era la misma persona. También sin imaginarlo McKey resultó ser una inspiración para que los luchadores mexicanos comenzaran a utilizar una máscara. Existen registros de mexicanos en los años 30 que ya utilizaban una máscara para luchar, por ejemplo “El Coyote” y “El Chimpancé”, de los cuáles no se tienen muchos datos. Tal vez el enmascarado mexicano que mayor éxito tuvo en esa década fue Jesús Velázquez, mejor conocido arriba del ring cómo “El Murciélago Enmascarado”. Su recia y misteriosa personalidad, así cómo sus rudezas lo hicieron un personaje misterioso y fascinante a la vez.
Es así cómo el fenómeno de los “Marvel Masked” se extingue poco a poco en los Estados Unidos y en México surgen cada vez más luchadores enmascarados y se le empieza a dar un valor simbólico muy grande a la “tapa”, a tal grado que cuando una rivalidad llega al límite y dos luchadores ya no se soportan, se odian, se lastiman, se humillan, llegan a la modalidad de nuestro deporte del costalazo más importante y mórbida que existe: “Máscara contra Máscara”.
Una lucha uno contra uno a dos de tres caídas sin límite de tiempo, donde se necesita fuerza, condición física, amplio conocimiento del llaveo y contrallaveo y técnica, así cómo se puede recurrir a la rudeza y artimañas para defender lo más preciado que posee un luchador en México: “La Máscara”
El ganador la conserva, y por supuesto que el perdedor debe pagar tributo y entregar tan sagrada prenda a su verdugo. Algunos desenmascarados al mostrar su rostro siguen teniendo éxito y aceptación por parte del aficionado, algunos poco a poco son olvidados hasta desaparecer o portar otra máscara con otro nombre y otro personaje.
De hecho en los años 30 cuando empiezan las luchas por las máscaras, se tenía la idea que los luchadores ocultaban su rostro porque tenían horribles deformidades, ya sea de nacimiento o causadas por algún accidente o porque se trataba de peligrosos criminales prófugos de la justicia.

Bien, lo anterior ha sido parte de la historia de los luchadores enmascarados, cómo llega la máscara a la lucha en México y cómo aquí la adoptamos cómo nuestra, trasformándola en un elemento fundamental y característico de nuestro deporte del costalazo. La máscara en la lucha libre mexicana no es sólo una prenda para cubrir el rostro, es un símbolo que le proporciona una identidad propia a nuestra lucha en cualquier parte del mundo. Espero mi columna haya sido de su agrado, me despido y para la próxima semana seguiremos con éste viaje a través del tiempo para platicar acerca de las grandes figuras de décadas pasadas.

viernes, 29 de enero de 2016

Mario Kart en el Gamers Club 2016 – 2.


Por: José Ángel Garfias Frías.


El objetivo del Gamers Club es apropiarse de espacios académico, para en primer instancia hacer lo que más nos gusta; jugar videojuegos; pero a la vez pretende hacer de esa actividad algo más profundo y abrir el espacio para la reflexión teórica de los mismos. La intención del Gamers Club es dejar de ver a los videojuegos como un mero entretenimiento, y acercarnos más a ellos como un producto cultural, para de esta manera, y a través de un estudio multidisciplinario, tratar de encontrar claves que nos permitan hacer una labor hermenéutica de los mismos, y así encontrar sentidos más profundos en aquello que se presenta en las pantallas.
La dinámica del Gamers club es la siguiente. Cada semestre se hará un ciclo con una temática determinada. Una vez al mes se programará una sesión para jugar los videojuegos seleccionados en la modalidad de torneo, de esta manera, también se tendrá un registro de los campeones que tendremos a lo largo de la historia del Gamers club. Como la sesión es breve, el objetivo en la modalidad presencial será el de jugar, pero para seguir el debate, cada ciclo se acompañará de un breve artículo que para dar pie a la discusión teórica sobre el mismo. Dicho artículo se publicará en la página de Facebook del Gamers Club.
A lo largo del mes entre las sesiones se lanzarán preguntas en espera de hacer un debate online sobre el videojuego en cuestión, el espacio virtual en redes sociales será el escenario para debatir lo que se jugó en el Gamers club.
Al final de año se elaborará una publicación con todo el contenido que entre todos los gamers hayamos creado a partir del debate de jugar videojuegos en los torneos.
¿Y qué tendremos en el Gamers club de este semestre?
Gamers club. Ciclo: Mario Kart, competencias entre amigos.

Este ciclo del Gamers club está dedicado a analizar el fenómeno de la competencia en los videojuegos, se usará como objeto de estudio una de las sagas más populares dentro de la industria como lo es Mario Kart de Nintendo.

Mario Kart es una saga de carreras de autos en la que se puede competir de manera profesional, pero tiene una fuerte dosis de minijuegos en los que la suerte es el principal factor que interviene en las competencias, generando así un juego que se vuelve ocasional, lo que permite más momentos de convivencia que de competición.

Las sesiones se realizarán en la Sala Fernando Benítez de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Sesión 1: MARIO KART 64. Martes 9 de febrero de 2016. 13:00 hrs - 15:00 hrs.

Sesión 2. MARIO KART DOUBLE DASH. Martes 8 de marzo de 2016. 13:00 hrs - 15:00 hrs.

Sesión 3. MARIO KART Wii. Martes 12 de abril de 2016. 13:00 hrs - 15:00 hrs.

Sesión 4. Mario Kart Wii U. Martes 3 de mayo de 2015. 13:00 hrs - 15:00 hrs.


Participen, recuerden que el ganador siempre se lleva un premio. 

jueves, 28 de enero de 2016

Error 404


Por Roberto Carlos Rivera Mata.

Como estudioso de la comunicación, desde hace tiempo veo con cierto temor el sistemático empobrecimiento de nuestro lenguaje, lo que redunda en la destrucción de lo que nos distingue de nuestros compañero del planeta, los animales.

Como norma de vida me alejo, pues he comprobado que no se puede cambiar, de la gente que hace mal uso del lenguaje, y de cuando en cuando le uso como arma y pongo en su lugar a quien hace mal uso del lenguaje de manera grosera y petulante.

Hace poco me encontré una nota de UNO noticias que me llamó la atención , y en consecuencia, pues abrí el vínculo y comencé a leer, no bien terminaba la primer línea y me encontré con una figura idiomática “mire y mire” un modismo que repite a manera de inflexión verbal, misma que habla de un suceso que se repite, lo que en buen castellano es el GERUNDIO, en seguida monté en cólera y comenté en la casilla destinada para ello que el uso de ese barbarismo había motivado mi desinterés y enseguida solté el más mordaz comentario cargado de un clasismo recalcitrante destinado a humillar y sumir en un estado de inferioridad casi de subnormalidad al emisor de tal cosa, al comentar que el uso de ese modismo me colocaba fuera de su alcance, que yo no me sentía parte del publico meta de la publicación. Lo que en consecuencia derivó en una respuesta de los emisores de la nota, pero la respuesta y la nota desaparecieron, y ya no había manera de verificar pues lo habían descolgado de la red y en su lugar aparecía la leyenda “error 404 not found”. Cosa que me llenó de placer y orgullo.

Pero la cosa no para allí, ayer en la clase, en el posgrado en donde soy profesor, una de las alumnas me comentó que en la revista en la que trabaja, destinada a quinceañeras y veinteañeras, la redactora les había pasado una serie de palabras que estaban prohibidas de ahora en más, pues su publico meta ya no eran capaces de entender.
Y para colmo en esa misma revista estaban a punto de contratar a una chica, misma que fue la que menos mal escribió. Cosa que me pareció aberrante, y lo que es realmente preocupante es que a la entrevista asistieron alumnas egresadas de la UNAM.

Bueno hasta aquí lo dejo, espero que al poco nos sumemos y condenemos hasta erradicar a estos ignorantes que no saben ni escribir, y poco a poco hacer crecer la cultura y no esa pauperización sistemática, que a veces tengo la idea que pretende llegar a una imbecilidad colectiva.


lunes, 25 de enero de 2016

La esquina del Académico. El renacido.


Por. El Académico.

No soy ningún crítico de cine, lo mío, lo mío, es ser arrasador, acabar con mis rivales en el ring, conquistar el corazón de las lindas damas y ser el ejemplo a seguir de los caballeros. Los niños gritan mi nombre. Pero bueno, esta vez me volvieron a invitar a dar mi tan afamada crítica de cine, mi valiosa opinión.

Y que me dicen, mi estimado Académico, por favor, nos encantaría que hicieras la reseña de una película de tu compatriota, González Iñarritu, el de Amores Perros. No, que mira, que su película está nominada con doce Óscares y sería bien interesante, que tú como mexicano nos dieras tu punto de vista desde tu esquina ruda. Y pues dije, va, orales, pues con tantas buenas críticas, faltaba mas, no estaría equivocado enseñarles mi punto de vista.

Y ahí tienen, que me lanzo a ver la película, el sábado, en la función que había más en la noche. Ya antes me había cenado unos buenos tacos de carnitas y barbacoa, su buen consomé nocturno y café de olla, allá en mi mercado de plaza Garibaldi, con Doña Lucha, que me atiende bien cabrón, un saludo Doña Lucha, le mando un abrazote, aunque no sepa leer. Pero ahí que le digan que pedo sus nietos que lean mi columna. Ya les dije.

Bueno ya en el cine me compré mi Coca zero, ya saben sin azúcar, para evitar la “diabólica” y me dispuse a ver la producción de mi compatriota y de una vez les digo, no soy culero, no soy malinchista, y no me la hagan de a pedo, pero pinche película estuvo bien culera. Ahora permítanme argumentar mi tiradero de mierda.

De entrada la película empieza lenta, pesada, aburrida, pero bueno, ese es el estilo de Iñarritu, así como que hasta respirar les cuesta trabajo a los personajes, como si quisieran cagar, pero por mas que pujan no pueden. En fin, el asunto se trata de ver a unos comerciantes de pieles en territorio norteamericano en época en que se estaba colonizando dicho país, lo que garantizaba agarrarse a madrazos contra los pieles rojas y demás tribus autóctonas.

Ahí es donde aparece Di Caprio, que en la película es el guía de la compañía, lo que lo vuelve indispensable, según es muy chingón, y entre otros pedos, anda cargando a un hijo que tiene cara de apache que tuvo con una mujer aborigen y se la hacen de pedo, pero él aguanta vara. Y resulta que el Di Caprio no es tan chingón pues los lleva a un territorio donde les dan una emboscada, se mueren la mitad de los hombres que llevaron y aún así el capitán de la comisión le dice que no hay pedo, que confían en él. Se van en barco y dice que sólo se puede llegar a pie.

Y aquí es donde la película se vuelve una mamada, pues Di Caprio empieza a sufrir accidentes, pero de manera muy pendeja. Primero si según él conoce muy bien esas tierras, entonces para qué caminó sólo sin anticipar un ataque de un oso, que le pone una putiza, pero el acaba “Matando al oso a puñaladas”, cuando aparentemente ya estaba bien puteado y mordido.

Después de la putiza que lo deja medio muerto, la situación es discutir si lo dejan, le dan el tiro de gracia o se lo llevan. Total que lo dejan, lo cuida su hijo, otro chavo y el culero que será el malo de la película. Y desde ahí viene una de esas mamadas de guión bien estúpidas. Si están viendo que ese culero era el primero que lo quería matar para no cargar con heridos, para que lo dejan cuidándolo. Ya desde ahí no sabes si estas viendo una película nominada al Oscar o un predecible episodio de la Rosa de Guadalupe. Y total, que al aceptar que lo cuidara el que ya todos sabemos que no lo va a cuidar, es lo que desata el conflicto. Mata al hijo apache, Di Caprio se encabrona y lo dejan enterrado vivo.

Para ese entonces ya me quería salir, pero dije, bueno pues, me dijeron que escribiera sobre esa madre, ni pedo aguantar como los machos.

Luego, en ese ambiente frío y con esas heridas e infecciones en la piel, Di Caprio empieza a recuperarse milagrosamente sin medicina, sin nada. Desde estar moribundo y con fiebre, hasta ponerse de pie y volver a caminar. Y dije, no mames, ¿Ya estamos viendo Deadpool? o qué pedo, ¿De donde sacó su poder curativo ese cabrón?, Va y de aquí lo demás se volvió una película bien pinche larga, eterna. De ver cómo el guéy se arrastraba y no pasaba nada, y ocasionalmente veíamos escenas de supervivencia tomadas de otras películas, como cuando ese cabrón se ponía pólvora en una herida y la explotaba como en Rambo III, o cuando se duerme adentro de las entrañas de un caballo como Luke y Han Solo en Star wars El imperio contrataca, y todas las maniobras del chavo ese del Discovery Channel que sobrevive en la naturaleza tomándose sus miados. Y cosas ya bien jaladas como que el protagonista sobreviva a caer de unas cascadas o de un precipicio, y más que resentirse de las heridas del oso, hasta parece que camina mejor.

Total que el meollo de la supervivencia, será sustituida por la venganza de que mataron al hijo de Di Caprio. Cuando se enteran de que está vivo sale una caballería de unos treinta hombres a buscarlo en las inmediaciones del campamento. Pero la parte mas mamona es cuando salen a buscar al traidor, sólo va Di Caprio y otro guey, como si el guionista dijera : “¿Y ahora como creo un conflicto?, ah ya se, que vayas dos contra uno, porque si mandamos a la caballería no va a tener emoción” Y pendejamente pasa los mas obvio y predecible, que el malo mata al otro, y se queda Di Caprio sólo contra su rival. Le tiende una trampa bien predecible usando el cuerpo del aliado. La pelea es a muerte, pero el Di Caprio aguanta una puñalada en la pierna, la mano y todo, a pesar se sus múltiples heridas que se ha hecho en el camino, al final le parte en su madre cual película de los hermanos Almada. Y para cerrar se hace un final abierto donde no sabes si Di Caprio sobrevivió o murió, aunque para ese entonces ya te vale verga lo que haya sido, lo que quieres ir al baño a vomitar y lloras por haber perdido casi tres horas de tu vida viendo esa mamada.


¿Lo mejor de la película?, la pinche Coca Zero que me tomé al principio, por lo demás es una porquería. No vale la pena, no la vean, no se van a divertir, no van a reflexionar nada sobre la relación de hombres blancos y pieles rojas, para eso mejor vean Pocahontas, no se van a conmover, no van ver una buena actuación, o véanla bajo su propio riesgo. Si gana Óscares o no, yo ya me sentí robado y si te los ganas Iñarritu, vete a lavar las nalgas.

viernes, 22 de enero de 2016

La lucha libre profesional en México y Salvador Lutteroth González.



Por: Alberto Alejandro Meza.


Pues ya es viernes y hoy le toca a la lucha libre. Es un placer saludarlos nuevamente y de igual forma un gusto seguir escribiendo acerca del rudo deporte de las máscaras y las cabelleras. Ya he comentado el porqué el simple hecho de asistir a las luchas nos transporta a un mundo distinto y distante, a un mundo mágico, donde dioses, guerreros, seres de ultratumba, entes celestiales, criaturas mitológicas, animales, fuerzas de la naturaleza y cuerpos del cosmos se materializan arriba de un ring y se enfrentan entre si para demostrarle a sus contrincantes y sobre todo al aficionado quien es el mejor.

Técnicos y rudos, mascaras y cabelleras, llaves y contrallaves, lances espectaculares y hasta suicidas… La eterna lucha entre el bien y el mal sigue vigente hasta nuestros días arriba del encordado de 6 x 6.
De igual manera ya he platicado porque la lucha libre mexicana es realidad y fantasía a la vez… realidad por los extenuantes y agotadores entrenamientos que debe de tener cómo preparación un luchador profesional y fantasía para desarrollar una doble personalidad y tener una capacidad histriónica impecable para dar vida a un personaje que se enfrentara no sólo a sus rivales en turno, también a un publico conocedor y exigente que lo aplaudirá o que le mentara la madre si desempeña bien su trabajo arriba del cuadrilátero.

Ya hemos viajado al pasado, a la Grecia antigua, cuando se luchaba encuerado, cuando Platón era luchador, ahora sabemos cómo la lucha fue adoptada y fusionada con otras culturas de antaño, “el principio de la no resistencia”, básico para la evolución y el entendimiento de la lucha libre del siglo XX y ahora sabemos cómo con el correr de los años la lucha llega a nuestro país y aquí se convierte en una gran atracción y un excelente negocio. Todos querían ver a los luchadores profesionales madrearse entre si y no a los pendejos del publico.

Es así que no podemos dejar de mencionar a un personaje muy importante dentro de la historia de la lucha libe de nuestro país: Salvador Lutteroth González.
A continuación su biografía y cómo profesionaliza la lucha libre.

En la década de los treinta surge la visión que conjunta el negocio con la seriedad de una empresa para que la lucha libre lograra su verdadero arraigo y constancia. El hecho implicó contratar y preparar a luchadores mexicanos, hacer programas combinándolos con extranjeros, convocar y organizar los primeros campeonatos nacionales para seguir con los mundiales, disputados por los atletas que se forjaban ya en territorio nacional. Es decir ya existían infinidad de cuestiones mercado lógicas necesarias par arrancar todo negocio, al principio fue un desmadre, pero todo se fue acomodando para dar paso al deporte-espectáculo.

Salvador Lutteroth González nació el 21 de marzo de 1897 en Colotlán, Jalisco. Llegó a la ciudad de México y se inscribió en la escuela Fray Bartolomé de las Casas en el año de 1907. Su padre muere el 16 de septiembre de 1910 y Lutteroth se vio obligado a buscar trabajo con sólo trece años de edad. (Muy chavo).
Su primer empleo lo obtuvo en un taller de rotograbado en donde trabajaba durante el período vacacional otorgado por la escuela, poco tiempo después a los 17 años de edad, se presentó ante el General de División Lorenzo Muñoz Merino, Jefe de la Escolta del General Álvaro Obregón; para ingresar al movimiento armado de la Revolución Mexicana. Tomó parte en varios combates, donde fue promovido de Subteniente a Teniente hasta llegar al grado de Capitán Segundo y en 1923, fue ascendido al grado de Capitán Primero.(Quien su hubiera imaginado que Lutteroth antes de entrar a la lucha libre anduvo en la lucha armada).

El 8 de abril de 1924 contrajo matrimonio con Armida Camou, y una vez casado, pidió licencia ilimitada con el ejército y desde 1924 a 1931 trabajó como inspector en Hacienda. Un hecho clave en su vida se da en 1929 cuando presenció un encuentro de lucha libre en el Liberty Hall en El Paso Texas y la imagen de uno de los gladiadores que tuvo oportunidad de ver quedó muy grabada en su memoria, fue la de un luchador griego llamado Gus Papas. (Pinche nombre cagado, pero a Lutteroth le gusto el quehacer luchìstico del gladiador del griego).

Para en 1931 vino un cese general de inspectores de Hacienda, es decir lo corrieron, por lo que tuvo que buscar nuevos horizontes para sus actividades y así decide establecer una fábrica de muebles donde obtuvo un capital para invertirlo después junto a Francisco Ahumada (otro importante personaje en esta historia), con quien crearía una empresa para implantar de manera constante la lucha libre en México.
En esos días la Arena Modelo se encontraba prácticamente desmantelada, Lutteroth se puso en contacto con Víctor Manuel Castillo que era el propietario de dicho local y logra que le rente el inmueble, el cual se tenía que remodelar casi en su totalidad.

Entonces llega la fecha que marcaría para siempre la el inicio de la historia de la lucha libre profesional en México:
El 21 de septiembre de 1933, las calles de Dr. Lucio y Dr. Lavista se convierten en la sede de la famosa Arena México, bautizada como “la catedral de la lucha libre”. En el programa inaugural se presentaron Yaqui Joe contra Bobby Sampson, Chino Achiú ante Ciclón Mc Key, Antonio Rubio era adversario de Jesús Castillo y Flamarion hacía frente a Pavia. (Cabe mencionar que la mayoría de los luchadores de aquellos días, no utilizaban una mascara y se presentaban con sus nombre reales o “de pila”).
Los mexicanos que participaron en ésta primera función habían salido de la escuela del profesor Gonzalo Avendaño, que se encontraba en el gimnasio de la misma arena. Por lo tanto la naciente Arena México ya contaba con un centro de entrenamiento para formar a sus futuros luchadores y por decirlo de alguna forma “Hechos en México”.

Poco después, Lutteroth ganó un premio de la Lotería Nacional, (suertudote el hombre).Dicho sorteo se efectuó coincidentemente cuando se celebraba el primer aniversario de la instauración de la lucha libre en México:

Durante la tarde 21 de septiembre de 1934, Salvador Lutteroth, compró el billete marcado con el número 4242, y en la noche al efectuarse el sorteo, el cachito que había adquirido, resultó con un premio de 40 mil pesos, mismos que sirvieron para invertir y dar más promoción a su empresa.
Diez años después de tener su primer recinto, Lutteroth emprendió la tarea de construir un espacio propio, La Arena Coliseo, inaugurada el 2 de abril de 1943 en la zona de los barrios de La Lagunilla y Tepito, colonias de gran tradición popular. Ubicada en la calle República del Perú, tiene aforo para ocho mil personas en un espacio de 1,130 metros cuadrados, el cual por su tipo de construcción y capacidad, se ganó el sobrenombre de Embudo Coliseino. Mientras que en la México se probaba el carisma y la capacidad del luchador, la Coliseo se convirtió en la denominada prueba de fuego de aceptación del público, ya que los gladiadores deben convencer a los numerosos aficionados originarios de los barrios más bravos de la capital mexicana. (Hasta la fecha eso sigue sucediendo, esta cabròn que la gente que asista a la Coliseo acepte a los luchadores novatos, por eso su preparación en el gimnasio y el desarrollo e interpretación de sus personajes tiene que ser cada día mejor).

Aquél 2 de abril del 43, la Coliseo abrió sus puertas con un espléndido cartel, en el que se dieron cita Carlos El Tarzàn López, quién luchó por el campeonato mundial de peso medio contra el Santo, encuentro en donde fue derrotado El Enmascarado de Plata en dos caídas al hilo (increíble pero cierto). Se enfrentaron también Bobby Arreola contra Black Guzmán (hermano mayor de El Santo)y Cow Boy Murphy se enfrentó a Jack O`brien.
La Arena Coliseo y sus ocho mil localidades en unos cuantos años fueron insuficientes, mucha gente quedó fuera en la lucha de máscaras entre Black Shadow y el Santo en 1952, por lo que se requirió pensar en un espacio más grande, es así como el día 7 de octubre de 1954 se despidió la antigua Arena México, iniciándose casi de manera inmediata las construcciones para dar vida a un local más grande, asentado en una superficie de 12,500 metros cuadrados y cuya capacidad seria de 17,678 aficionados, que a la que podemos asistir hoy en día.

El 27 de abril de 1956 se declaró inaugurada La Nueva Arena México en diarios de la época, la noticia se anunciaba así:
Por hoy se abrirán las puertas de la majestuosa Arena México, que será un motivo de orgullo para el México Deportivo… será uno de los mejores locales para espectáculos bajo techo que haya en el mundo entero. Con capacidad cercana a los 20, mil espectadores, La Nueva Arena México fue construida aprovechando los últimos adelantos técnicos en la materia y puede asegurarse que todas las localidades estarán aglomeradas”. ( Fragmento de la nota aparecida en el periódico Esto, el 27 de abril de 1956.)
En esta función intervinieron gladiadores de la talla del Santo, El Médico Asesino, Rolando Vera, Blue Demon, El Gladiador, Bobby Bonales, Gorilita Flores, etc.(y ya podemos observar que hay enmascarados).
En esta etapa, dejaron huella muchos luchadores como Cesáreo Manríquez, mejor conocido como El Médico Asesino, un gran y despiadado rudo que trascendió por su quehacer luchístico. Debutó con este nombre el 9 de febrero de 1952 haciendo equipo con Wolf Rubinski, derrotando a Enrique Llanes y a la Tonina Jackson, triunfo que lo convirtió en una estrella de la lucha libre televisada de 1952 a 1955.
El atuendo del Médico Asesino fue cambiando con el tiempo hasta llegar al de color blanco y con el que hizo importantes equipos con El Carnicero Butcher, El Espectro y El Bulldog.
El Médico Asesino también es recordado por ser el primer luchador que se hacía acompañar de una atractiva mujer arriba del ring: La enfermera del Médico Asesino, actuación que no era bien vista por algunos. Tiempo después la mujer, fue reemplazada por una nueva figura que acompañaría al Médico Asesino durante mucho tiempo: El Enfermero, con quien haría una famosa pareja” (Revista Grandes Figuras de la Lucha Libre, Número 8, febrero de 2008, página 42.)
Da inicio así a la época moderna de la lucha libre en México o también denominada época de oro, bajo la rúbrica de la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL). El auge que tuvo en ese momento fue impresionante y durante los años 60 y 70 surgieron infinidad de luchadores estrellas. Algunas de las figuras más sobresalientes en la Empresa Mexicana de Lucha Libre fueron: El Santo, Blue Demon, Black Shadow, El Médico Asesino, Murciélago Velázquez, Gori Guerrero, Tarzán López, Rayo de Jalisco, Los Hermanos Espanto, Huracán Ramírez, El Solitario, El Espectro, Dr. Wagner, Ángel Blanco, Ray Mendoza, Dorrell Dixon, El Enfermero, Jack O`Brien, Cavernario Galindo, etc.
La EMLL se distinguió porque cada uno de los gladiadores hacía gala de una excelente lucha técnica, o sea que eran unos chingones, dedicados siempre al perfeccionamiento en el rendimiento deportivo, que es parte de la tradición de la actual lucha libre de esta empresa que la llevó como monopolio luchístico hasta la década de los setenta.

Y bien, me parece que son los datos, la fechas y los nombres más importantes de este relato acerca de Salvador Lutteroth González y de cómo gracias a su visión emprendedora y al varo que invirtió, existe la lucha libre hasta nuestros días.
Espero haya sido de su agrado, ya que no podemos dejar de mencionar a éste ilustre personaje.

Ahora bien, seguiremos escarbando en la historia de la lucha libre mexicana, y es turno de indagar acerca de un elemento fundamental de nuestro “deporte del costalazo”, elemento de suma importancia y que sin él, nuestra lucha no sería la misma, es más, tal vez, sin su existencia y al gran valor simbólico que ha adquirido, la lucha libre en México ya hasta habría desaparecido: La Máscara.

¿Quiénes fueron los primeros enmascarados en México? ¿Por qué decidieron cubrir sus rostros para luchar? ¿Por qué adoptaron un sobrenombre al no mostrar su cara? ¿Qué hace que la máscara se vuelva tan importante y se apueste cuando una rivalidad llega al lìmite?
Las respuestas a estas interrogantes las conoceremos el próximo viernes, así que no se pierdan mi columna y por supuesto el contenido completo de “La Finisterra”.
Gracias por leerme y… ¡Arriba los rudos!