viernes, 8 de enero de 2016

Lucha libre… ¿Realidad o fantasìa?... Ambas


Por. Alberto Alejandro Meza.

Nuevamente los saludo “Finisterrìcolas”, con el placer de escribir acerca del rudo deporte de las mascaras y las cabelleras. La semana pasada comentaba acerca de lo fantástico y especial que es introducirse al mundo de la lucha libre.
¿Pero por qué pasa esto?
Pues bien, visto desde un punto de vista científico la lucha libre mexicana es un fenómeno sociocultural de gran trascendencia y es por esta razón que le dedicamos tiempo para investigar todo lo relacionado con este rudo pero apasionante deporte.
Para muchos, las luchas, son tan sólo un desmadre, pero para muchos conocedores, es sabido que en las arenas de todo el país surgen personajes que cada semana combaten arriba de los cuadriláteros. Luchan entre rudos y técnicos, la denominada eterna lucha del bien contra el mal mencionada en culturas milenarias, es escenificada en los cuadriláteros, aunque cabe destacar que nuestra lucha es la única en el mundo donde el mal se enfrenta al mal, el bien al bien, o el bien se convierte en el mal y viceversa.

La lucha libre se rodea de situaciones reales y fantásticas, por lo cual, para la gente que no conoce este deporte, sólo se trata de un teatro o un circo, muchos creen que los luchadores profesionales únicamente le hacen a la mamada, piensan que los golpes, llaves y caídas son falsos, y que los combates son previamente arreglados. Sin embargo, para el conocedor de este deporte, lo anterior carece de importancia, la lucha libre es un deporte de interpretación donde lo que se juzga es el desempeño de los atletas en la representación de sus personajes, ya que éste último punto es de gran importancia, ya que sin los personajes, la lucha libre mexicana tal vez no existiría.

Para conseguir esta labor de convencimiento, el luchador se entrena en el gimnasio, llevándose unas chingas enormes, (Y vaya que son chingas, yo lo sé muy bien). El objetivo de los extenuantes entrenamientos es soportar golpes que podrían causar alguna lesión a quien no tiene la preparación necesaria. La carrera de un luchador se forma a base de una estricta disciplina en el manejo de la lucha cuerpo a cuerpo, llaveo y contrallaveo, los lances, la elasticidad, las pesas y el manejo de su cuerpo para expresarse ante el público. Pero lo anterior no lo es todo, hace falta un elemento fundamental, con o sin máscara de por medio: Desarrollar un personaje.

El aficionado se emociona con las peligrosas evoluciones, grita, se angustia, ovaciona o manda al demonio al luchador que no le cae bien o que no lo satisface con sus evoluciones, sin olvidar que el espectador también gusta y disfruta de una buena exhibición de lucha clásica, también llamada a ras de lona, de esta manera el deporte espectáculo ha permanecido vigente hasta la actualidad, pero también ha evolucionado, y cosechado una gran cantidad de adeptos no solo en México sino en todo el mundo.

Pero vale la pena mencionar, que además del gimnasio y la preparación; el luchador se construye con un aspecto carnavalesco y simbólico que adhiere un halo mágico y fantástico a la lucha libre mexicana en particular. Todo esto se manifiesta en las máscaras, en las vestimentas, en el porte, los gestos y el misterio de un luchador que interpreta a un personaje mítico. Ellos, los luchadores, se convierten en los héroes del público que asiste a las arenas y que es testigo de cómo se van desarrollando estas trayectorias, donde un muchacho del gimnasio se vuelve el ídolo de la multitud.

La lucha libre mexicana es entonces un fenómeno que se desarrolla como práctica social donde afloran muchas ideas, valores y sentimientos con los que mucha gente resulta impactada tras asistir a las funciones de lucha libre.

Muchas veces la lucha se centra en la construcción del personaje para presentarse en los encordados, así que el ser luchador no sólo consiste en entrenar, prepararse, aprobar el examen para obtener una licencia y subirse a un ring a madrearse al contrincante, es más que eso, el luchador surge gracias a que el aficionado que acude a las arenas de lucha cree en lo que está viendo y cree en los personajes.

Entonces, la lucha libre es real, en sus entrenamientos, en la preparación que exige, en el saber aplicar llaves y zafarse de ellas, es verdadera en los lances suicidas y espectaculares, en los combates, golpes, caídas, odios, rivalidades, en la competencia deportiva, en las luchas de apuestas y la vez es fantasía, porque se desarrolla en un entorno diferente y lejano a nuestras civilizaciones, entrar a una arena de lucha es cómo llegar a “Oz”, a “Nunca Jamás” o a “La Tierra Media”. Es transportarse a ese mundo utópico donde el luchador debe de tener una doble personalidad y hasta tener una excelente capacidad histriónica para representar de manera fidedigna su personaje, transformarse en otro ser, en un ente mitológico, fuerte y poderoso capaz de derrotar a sus oponentes y a la vez agradar al publico, o en su defecto ganarse el odio y el abucheo del aficionado. Doble tarea para el luchador.

Éste ultimo aspecto es quizá el mas importante de todos para poder sobresalir cómo luchador. Ya que si se es un buen técnico, pulcro, llaveador, respetuosos de las reglas, es decir todo “un caballero de los encordados”, la gente lo reconocerá y le brindará los aplausos y lo convertirá en un consentido de la fanaticada.

Si vemos el otro lado de la moneda, hay que ser un buen rudo, salvaje, grosero, irreverente, montonero, hacer caso omiso a las reglas, meterse con el público, burlarse, hacer trampa y hasta quitarle su chela al wey de primera fila para bañar al rival, o sea, convertirse en “un hijo de la chingada” para que los conocedores los abucheen y le mienten la madre a cada rato.

Es decir, no importa el tamaño de la arena donde se lucha, ni si se es rudo o técnico, lo que verdaderamente importa es representar bien al personaje para que la gente aplauda o aborrezca al luchador, eso quiere decir que los que están arriba del encordado, realizan bien su trabajo, porque lo fundamental en este deporte es ser tomado en cuenta de alguna forma o de otra, ya sea siendo un héroe o un villano.

Porque si nadie vitorea o le echa porras o nadie manda al carajo a los luchadores, quiere decir que no llaman la atención, que no están representando de manera correcta a sus personajes, independientemente que tengan una preparación excelsa en el arte del llaveo y los lances suicidas.
Si esto sucede lo mejor es cambiar de esquina, tal vez hasta de personaje, pero lo ideal, sería cambiar de actitud y transformarse, fusionarse luchador y personaje para atraer las miradas, provocar los aplausos o el enojo del público conocedor.

En resumen, es por ello que afirmo que la lucha libre mexicana es realidad y fantasía al mismo tiempo. La preparación, el entrenamiento, los golpes, las llaves, las rivalidades, son totalmente verdaderas, al fin y al cabo es una competencia donde el objetivo es ser mejor que el otro y derrotarlo basándose en los conocimientos luchìsticos adquiridos durante los años de gimnasio.

La fantasía surge cuando uno acude a una arena y se transporta a un planeta distinto, las mascaras y cabelleras se hacen presentes, dioses, seres mitológicos, criaturas de ultratumba, entes celestiales, personajes históricos, animales y fuerzas de la naturaleza se enfrentan entre sí para ser el mejor y obtener la supremacía; he ahí el lado fantástico y único de la lucha libre mexicana.

Deseo les haya gustado mi columna de éste viernes, nos leemos la próxima semana en donde empezaré a platicarles cómo y cuando surge la lucha libre profesional en nuestro país.
Saludos y gracias.



miércoles, 6 de enero de 2016

El doblaje a la mexicana


A CONFESIÓN DE PARTES RELEVO DE PRUEBAS
EL DOBLAJE A LA MEXICANA

Por Roberto Carlos  Rivera Mata

En fechas recientes quienes contamos con televisión de paga hemos tenido que recurrir a desempolvar el manual del mando de la tv, para aprender a usar la función SAP  (Supplementary Audio Program o Second Audio Program) para escapar del doblaje a la mejicana, que técnicamente se escucha plano, como un pegote que para nada se escucha natural, y qué decir del la parte de interpretación, en donde si no se escucha sobre actuado lo es en sentido opuesto, se escuchan personajes leídos, planos, vacuos, pero la cosa no para allí, en un afán enfermizo en lo que respecta al lip-sync, hacen añicos al castellano asumiendo que todo cognado es una equivalencia.

la confesión

Los invito a dar un vistazo a ésta entrevista https://www.youtube.com/watch?v=14vHEvlA-l0 Y Como reza ese aforismo “a confesión relevo de pruebas” Castañeda en el minuto 8 con 32 “llevo 32 años engañando al publico y me siguen contratando” y según su propio dicho hace 32 voces y todas iguales, en otra parte el entrevistador evidencia a otro actor, el escorpión en el minuto tres el señor Garza tres personajes y un actor una misma voz.
Y es que para el mundo de la inmersión quienes tenemos el sentido del oído algo aguzado es una destrucción de los elementos diegéticos de la historia, ya que irremediablemente se hace una referencia mental al personaje reconocido.
Lo triste es que este fenómeno se ha apoderado de los videojuegos, lo cual empobrece la calidad original, pues la experiencia de juego y la inmersión se ven enrarecidas por estas deficiencias en la interpretación, la repetición de elencos, además lo que redunda en una burda tropicalización de las producciones, y no hay que olvidar la pauperización del lenguaje, basta comparar el subtitulado de GTA IV contra GTA V, en el primero subtitulado al castellano te invita a conocer la riqueza de nuestra lengua, mientras que el hecho en GTA V, nos muestra una pauperización a la mejicana, en dónde solo faltó leer un “chale” o un “no manches”. Que si bien pueden pasar por ser parte de una jerga de delincuentes y malvivientes, como lo es la temática de la saga, como mejicano me siento apenado de que esa sea la contribución de mi sociedad al mundo de los videojuegos.
Me despido pues tengo primitos que torturar despertándolos de su siesta vespertina con la pregunta ¿No vas a ver qué te trajeron los Reyes? Y ver el poema de sus caras cuando vean que no es el día.


Agur. 

lunes, 4 de enero de 2016

¿Por qué las cosas son como son?



Por. José Ángel Garfias Frías

Cuantas veces pasa que la realidad no es lo que esperábamos, no se, a veces resulta un tanto decepcionante, más aún cuando teníamos otros planes para la vida, a lo mejor participando en algún concurso en que perdimos a pesar de haberle echado todas las ganas, o echando la memoria hacia atrás cuando éramos pequeños y pensábamos en lo que nos íbamos a dedicar de grandes, lo cual no se parece en nada a lo que hacemos hoy; o por que no, típico, no estamos con la persona amada, quien sabe por qué ocurrencias del destino y quieres cambiar el presente. Aparece el tan soñado e imposible “Si hubiera”.

La mente nos hace echar a volar la imaginación y como seres humanos existe en nuestro raciocinio la capacidad de tener un pensamiento simbólico y ser conscientes de muchas cosas que sólo pueden ser posibles gracias al poder de la evolución en nuestra mente. Somos capaces entonces de construir mundos posibles e imaginarnos lo que podría haber sido o de lo que podría ser si algo hubiera hecho cambiar nuestro destino para colocarnos en otro lugar. A veces se cae en el encanto seductor de pensar que la vida es otra y no hemos perdido algo, o bien pudimos haber mejorado la forma de hacer las cosas para tener un mejor presente. El hubiera otra vez.

Las posibilidades del universo son infinitas, pero la realidad es a veces muy dura, puesto que nuestro universo se rige bajo el concepto de “La flecha del tiempo”, acuñado por el científico Arthur Edington a principios del siglo pasado; dicho concepto nos habla de la irreversibilidad del tiempo , un fenómeno que ha atraído a los físicos, pues a grandes rasgos si la materia y el espacio son relativos, el tiempo no tendría por qué no serlo. Pero no hay un mecanismo conocido aún para echar el tiempo atrás, adelantarlo, hacerlo mas ancho o en general para hacer otra cosa con él, mas allá que verlo pasar en forma lineal. Pasado, presente y futuro; no hay más. La flecha del tiempo sólo corre en una irrefrenable dirección.

Y bueno, ahora que te quieras lamentar de algo piensa en la flecha del tiempo, y recuerda que hay cosas que no se pueden cambiar, que lo que ya sucedió lo hizo, y no hay razón para pensar que las cosas podían ser de otra manera. No obstante en la ficción, es posible hacer con el tiempo lo que sea, y extrapolar con la imaginación las posibilidades de viajes temporales, multiversos o estirar, adelantar o retroceder el tiempo a voluntad.

Mencionemos algunas categorías clásicas de la ficción acomodadas en tres categorías: viajes en el tiempo, multiversos o dominio del tiempo.

En la primer categoría, la del viaje en el tiempo, la habilidad puede venir de muchas formas, ya sea de una máquina del tiempo, y la que más nos gusta tiene forma de DeLorean, o una que tiene mas restricciones como en Terminator donde sólo es posible viajar desnudos y con mucho trabajo. Y la a veces recurrente, viaje de la conciencia en el tiempo para arreglar algún asunto pasado. Los viajes temporales vistos de esa forma dan la posibilidad de cambiar las circunstancias de la vida. Simplemente cambiar un hecho pequeño en el pasado, trae como consecuencias, a veces desastrozas, el futuro apocalíptico de Biff, o bien, el presente de Marty Mcfly donde su padre al golpear a Biff dejó de ser el perdedor de siempre con una chica linda. Y la vida es un poco mejor.

El multiverso es una historia más romántica; en ella se da cabida a multiples posibilidades, y por cierto, últimamente se ha explotado en trabajos como el Spiderverse, que dicho se a de paso, no estaba tan bien realizado como la versión que se contó en la serie animada de la década de los noventa. Ahí si varios Spidermans se unían para enfrentar al destino. El multiverso nos ofrece ver la realidad bajo diferentes ojos; mismas tierras, pero con sutiles cambios. En esa realidad alterna del Spiderverse, en uno de esos multiples universos Peter Parker muere y Gwen Stacy se convierte en Spider Woman. Una buena premisa, pero en relaidad no se desarrolló muy bien que digamos, aunque estaba interesante. Con una mejor suerte se contó la historia de lo que hubiera pasado con Bruce Wayne si no hubieran matado a sus padres; y Batman nunca hubiera existido. La vida sería color de rosa, pero no tendríamos al hombre muerciélago.

Y el caso del control temporal, todos desearíamos tener la habitación del tiempo de Dragon Ball para extender el tiempo que se va como agua. Entrenar, leer, en fin hacer un monton de cosas en estos días en que el tiempo ya no alcanza para nada. Un caso más sabroso de manejo del tiempo es el que se da en en los videojuegos de Prince of Persia donde se puede echar el tiempo atrás para corregir los errores, en este caso, por caer en una trampa llena de picos o haber quedado atrapado en fierros retorcidos gracias a las arenas del tiempo. Ya hubieras querido esas arenas del tiempo cada vez que tu chica se enoja y tratas de adivinar por qué esta enojada, así si cajeteteas la respuesta puedes echar el tiempo atrás e intentar una respuesta otra vez, aunque quizá nunca darías con la respuesta correcta, y no sabrías como arreglar el asunto.


Y ese es el atractivo de la imaginación con los viajes temporales. Mas adelante me gustaría abordar casos concretos de obras que han hecho este manejo temporal, pero hoy, la única moraleja que se puede aprender en nuestra realidad es sobre la linealidad, hay que imaginar ese tiempo futuro que aún no ha cruzado por esa barrera del presente y tratar de luchar para conseguir lo que nos propongamos, pues no se alcanza, se construye.  

viernes, 1 de enero de 2016

Lucha Libre Mexicana…. La mejor del mundo!!!


Por: Alberto Alejandro Meza

Saludos “Finisterrícolas”, es un placer estar aquí y ahora, iniciando un nuevo año escribiendo algo acerca de unas de nuestras líneas de investigación que manejamos en “La Finisterra”…
La Lucha Libre Mexicana.
“El deporte espectáculo”, “el arte del Pancracio”, “el deporte del costalazo”, en fin, son tan solo algunos de los nombres con los que nos referimos a “las luchas”.
El simple hecho de acudir a una arena de lucha libre es transportarse a un mundo fantástico, donde todo el ambiente y los personajes que son participes de éste, se vuelven un elemento fundamental para el desarrollo de ese mágico ritual llamado “Lucha libre”.
Desde el momento que el aficionado se acerca a las inmediaciones de una arena y ve el montón de gente caminando y curioseando, observa las mascaras, camisetas, figuras, cachuchas y gran variedad de artículos a la venta, se da cuenta que empieza a entrar en otra dimensión; adquiere un boleto y no puede faltar una revisada junto con una buena manoseada, quesque para verificar que no estés armado o introduzcas bebidas alcohólicas, el aficionado ya esta impaciente por ocupar su asiento. Al estar instalado, puedes ver y escuchar a los vendedores de tortas, chelas, refrescos, mascaras y todo tipo de botanas para alimentarse no muy sanamente mientras observas el desempeño de los modernos gladiadores. ¿y a quien demonios le importa si la alimentación es sana o no?
¡Estamos en las Luchas! Eso es lo que verdaderamente importa.
Por fin, empieza la música y las buenísimas edecanes que engalanan el evento bailando cadenciosamente; ¡Total! Un taco de ojo no le hace daño a nadie. La voz del anunciador nos indica que alguien esta a punto de aparecer por el pasillo y su descripción del luchador en turno mas bien parece la de un Dios, la de un ser superior que viene dispuesto a todo con tal de derrotar a su adversario, pero sobre todo lo que más desea es agradar al publico asistente, ya que sin publico no habría lucha libre.

La lucha libre mexicana como tal y el encuentro entre rudos y técnicos, no es otra cosa más que la fiel representación de la eterna lucha entre el bien y el mal, presente en todas las culturas milenarias de la humanidad.
Esta escenificación de buenos y malos, la cual siempre ha estado presente en diferentes disciplinas, relatos, medios y soportes, se sigue dando hasta hoy, donde los aficionados que acuden a las arenas van dispuestos a pasar un buen rato, a divertirse y a olvidarse durante algunas horas de las presiones cotidianas y de los chingaos problemas. Quien acude a las luchas, bien sabe que es un deporte donde se toma partido, decantándose por el técnico o por el rudo. Cuando los luchadores aparecen en escena, tanto los hombres y mujeres que están en la lona, como los que están en las gradas, sufren una transformación por el combate, los gritos de apoyo o descalificación se dan de acuerdo a lo que pasa en el ring.
Los técnicos, como se denomina a los luchadores que se desempeñan de acuerdo a las reglas, así como con una pulida elegancia en la aplicación de castigos y movimientos, son considerados los bienhechores, desde su imagen deben ser limpios, y su personalidad, seria y respetuosa, los avala. Contrariamente a los rudos, que se les identifica por sus artimañas utilizadas para vencer al rival haciendo caso omiso de las reglas, de accionar más grotesco y salvaje, de personalidad agresiva y grosera, pero no por ello sin carecer de técnica o del conocimiento del llaveo. Aunque sus nombres, equipos y personalidad denotan su carácter de rufianes.
Los limpios son los que reciben, en la mayoría de las ocasiones los aplausos y las ovaciones por sus perfectas ejecuciones. Los rudos son los odiados, los repudiados y abucheados, son los que se llevan las mentadas de madre, pero esta reacción del público hacia ellos es como un triunfo, ya que un buen rudo es el que se da a odiar y el que hace rabiar al espectador; y no en pocas ocasiones es ovacionado por sus canalladas.
La gente identifica a primera vista sobre el ring al rudo y al técnico. El rudo ignora los protocolos y hasta las mismas reglas, ataca al enemigo en turno y se dejan llevar por sus impulsos, mientras que el científico debe asumir el rol de la justicia, de lo bueno y de la rectitud arriba del encordado a pesar del abuso.

Cabe destacar que nuestra lucha libre posee un par de elementos muy propios y característicos, y que rudos y técnicos utilizan por igual y que con el paso del tiempo se han transformado en símbolos de poderío y supremacía: La mascara y la cabellera.
Son elementos de tal trascendencia, que se apuestan cuando una rivalidad ha llegado al límite. Ya sea una lucha máscara contra máscara, cabellera contra cabellera o máscara contra cabellera, resulta mas emocionante y mórbida que una encuentro normal sin nada de por medio o incluso más interesante que una lucha por un campeonato.

Poco a poco iremos adentrándonos en este mágico mundo, explicando como es que la lucha libre llega a nuestro país hace varias décadas y como es que se vuelve tan nuestra, seguiremos su desarrollo, que ya es parte de la historia de México, conoceremos a muchos de sus máximos exponentes y también conoceremos el porque surgen y se le da tanto valor a la mascara en la lucha mexicana.

Me despido por ahora, feliz de compartir éste espacio con ustedes e iniciando un nuevo año, y a la vez con sentimientos encontrados, ya que hace apenas unos días, el 16 de diciembre de 2015 falleció uno de las figuras mas grandes que ha dado la lucha libre mexicana: Lizmark “El Geniecillo Azul” a los 66 años de edad. Una gran perdida para la familia luchìstica, pero su legado perdurara; Descanse en paz.

Por ultimo y hablando de las luchas “máscara contra máscara” comparto la reseña de una de las màs significativas que se han dado hasta nuestros días. Espero que sea de su agrado.
7 de noviembre de 1952
“Santo vs Black Shadow”

Hasta la próxima,
¡Feliz año nuevo 2016!
y…
¡¡¡¡Arriba los rudooos!!!




THE BLACK SHADOW PERDIÓ SU INCÓGNITA”

Tomado de: Meráz, Leopoldo. Luna Cornea. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Número 27. 2004. Fragmentos de la nota periodística aparecida en la revista Clinch, num. 35, 15 de noviembre de 1952, pags. 29-32.


Black Shadow había perdido ya la lucha y el propio Santo quería quitarle la máscara. Blue Demon interviene. Hay un mare mágnum.
La lucha del viernes pasado en la arena Coliseo registró entrada récord en los anales, pero para el Santo sólo fue “una lucha más” y para The Black Shadow el derrumbe de la incógnita. El morbo del juego de máscaras que dos tipos han hechos célebres –clásico Juan Pérez en la vida real- congregó a una clientela sedienta de fuertes emociones, esperando ver algo insólito y el vaticinio general se cumplió.
El Santo fue un demonio en el final. No hubo nada raro. El Santo varias veces había expuesto la máscara de plata y la había conservado porque es coloso en estos choques, y aunque en esta vez The Black Shadow estuvo a la altura del titán, sus esfuerzos se estrellaron ante el hombre de más experiencia.

¿Fue esta lucha histórica?
Desde el punto de vista del gran número de espectadores, pasa la batalla como una de las más interesantes. En la Coliseo se apretujaron más de doce mil almas –como sardinas en lata- y en los aparatos de televisión el número fue fantástico. Por lo demás, la contienda sólo tuvo de notable la tercera caída que fue muy reñida.
Cuando las tres palmadas del réferi decretaron la derrota de The Black Shadow, el Santo emergió poderoso en un clima de interés que reinaba en la Coliseo por ver sin capucha a Shadow.
El Santo tuvo hasta la gitanería de querer ser quién le desamarrara el manto, pero Blue Demon “repelió” el ataque. Insistió el Santo y The Black Shadow golpeó al enemigo y lo hecho fuera del ring. Después con una elegancia de ceremonia la máscara cayó y la cara presentó un aspecto joven, abundante cabellera negra, espesas cejas, facciones toscas y mirada profunda. Es de León, Guanajuato, y su nombre es: Alejandro Cruz (¡Qué descubrimiento!).
The Black Shadow fue el primero que hizo su aparición en el ring. Lució la bata negra con destellos de color solferino y la interrogación que lucía en la espalda parecía la tragedia. Le acompañaba en calidad de second su hermano The Blue Demon. Después hizo su entrada El Santo, todo de plata “envolviendo con su personalidad el ambiente” ayudado por Dick Medrano.
El combate empezó limpio, pero después se volvió explosivo. El Santo al final le ganó el acto tirándole fuera del ring, azotándole contra los soportes de las cuerdas y le recibía con topes. El castigo fue intenso. El árbitro Urdí Blancarte acabó contándole los tres segundos.
Blue Demon desesperado en el intermedio, dio vida a su hermano y aunque para la segunda caída el Santo dominó en un principio, “el gladiador de chicle” respondió con golpes y le colocó un tirabuzón que aguantó el Santo estoicamente. Siguió la pelea con dominio alterno, hubo cambios de golpes, pero The Black Shadow se veía más entero, con más elasticidad, y en cambio, el Santo acusaba los efectos del tirabuzón. Le dio unos topes el Santo en un momento, pero Black lo levantó en un azotón de órdago. Intentó el Santo ligar un rally y al correr éste en busca de su enemigo The Black Shadow se tendió e hizo irrupción majestuosamente; ¡El tope de propulsión!, dejando tendido al Santo “frío como muerto”.

El drama necesariamente tenía que ser en tres caídas.
La tercera caída fue la mejor. Se luchó denodadamente y las llaves fueron de muerte. Resistieron tanto que parecía que el cuerpo estaba envuelto en traje de granito de cada uno de los contendientes. Un cangrejo parecía dejar sin espina dorsal a el Santo, y The Black Shadow insistía fuertemente. El Santo aplicó la llave que inventó Gori Guerrero “a caballo”, pero que Black quebró para dar margen a una angustiosa competencia.
El mismo Black después se refugió en las cuerdas ante el cangrejo del Santo, y hubo topes y golpes, una salida del ring de Shadow al fallar el tope de propulsión, que volvió hasta la cuenta de dieciocho y dictaminó su derrota. El Santo vio la oportunidad y propinó golpes a granel, luego unas tijeras voladoras de antología y una “rana” de lo más perfecta y espectacular.
Urdí Blancarte contó los tres segundos. Y el Santo conservó su misterio denso de más de diez años, mientras The Black Shadow corría el velo desdoblando su personalidad para dar así nacimiento al gladiador Alejandro Cruz, de León, Guanajuato…
La velada fue completísima, y la gente salió hablando de quién es The Black Shadow, mientras el Santo continúa conservando su incógnita, “símbolo de misterio y admiración”.




lunes, 28 de diciembre de 2015

¿Qué vas a estudiar en el año 2016?


Por. José Ángel Garfias Frías

Un año mas, pero no un año cualquiera, mas bien un año de incertidumbre. Los tan vanagloriados cambios tecnológicos que se han venido pregonando desde hace más de veinte años en el libro Ser digital de Nicholas Negroponte y que dieron como resultado un debate que llevaba el emblema de “las nuevas tecnologías”, que hoyen día ya son una realidad, y que nada tienen de nuevas.

Se podría decir que el futuro nos alcanzó, y no es que no nos hayamos dado cuenta, quizá el futuro no es tan bonito como lo planteaban las utopías, pero tampoco es tan horrendo como en las versiones más apocalípticas. Digamos que el presente es un tanto gris.

Hoy al calor, del presente, la vida nos ofrece un panorama que si bien se ha podido enfrentar al nivel de “los fierros”, nos lleva a tener mas cuestionamientos en la parte social, aquella que implica la economía, los cambios en las relaciones sociales y el trabajo.

Permítanme remontarme al pasado, en un año que tuvo un gran encanto, un año en que muchos de ustedes ni siquiera habían nacido y si lo habían hecho, todavía estaban chavos. Vamos a hablar de 1999.

Y ahí lo tienen, un año que pasaba en la UNAN con total incertidumbre, pues una huelga que se había iniciado en abril, tendría su culminación hasta febrero del año 2000. Yo en el último semestre de CCH, haciendo cabildeo en clases extramuros para abandonar el CCH y embarcarme en una aventura que no tenía futuro ni esperanza. Fue difícil decidir qué carrera elegir en un ambiente así, no recuerdo por qué elegí estudiar ciencias de la comunicación, pues no había recibido la mejor orientación vocacional y sólo la relación de la carrera con los medios me llamaba la atención. Ya desde entonces tenía interés en los comics, y los videojuegos; y como no había carreras de nada de eso en la UNAM, prácticamente me dio lo mismo estudiar comunicación, o diseño gráfico o medicina. Yo me ganaba la vida vendiendo tacos, así que si no triunfaba, sólo tenía que expandir más el changarro. Así que elegí comunicación.

Pero en lo que me quiero centrar es en esas primeras clases que tuvieron lugar en el año 2000, en ese momento en que conoces a nuevos compañeros que al igual que tú tienen una razón de ser en la carrera y que en las clases no faltaba la pregunta del profesor : ¿Por qué estas estudiando comunicación? Y lo que respondieron los jóvenes del año 2000, según recuerdo fue lo siguiente.

Un gran puñado de chavos se querían dedicar a la radio, eran fieles seguidores de estaciones de radio y había un gusto especial por la música, la carrera de locución se confundía con la de comunicación y estaban entrenados para seguir a la gran figura de la Facultad que fue Toño Esquinca como modelo a seguir. Hoy en día, la radio sigue subsistiendo como lo ha hecho a lo largo de su historia, siempre amenazada por nuevas tecnologías; y aún más reducida por la música digital que ha desaparecido a la par que los mix up. Y difícilmente alguno de mis alumnos menciona que quiere estudiar comunicación como primera opción.

La gran mayoría veía en el año 2000 a la televisión como el principal medio y el gran anhelo era integrarse a trabajar en alguna de las dos grandes empresas de televisión del país. Hoy en día, las televisoras la están pasando muy mal por la baja de ingresos en publicidad y la competencia de otros servicios de entretenimiento de audiovisuales. El apagón analógico y la muerte de Chabelo hace una semana, lo dejaron fuera. De todos, la televisión es uno de los medios más incierto y también de los más criticados. Hoy muy pocos ven en la televisión la estabilidad milenaria que caracterizaba a este medio sólo algunas décadas atrás.

Y los de cine, que no eran pocos, siguen siendo un grupo que desde aquellos años ya pintaban como los grandes intelectualoides de la comunicación. Una oleada de comunicólogos que eran ávidos consumidores de cine de todo tipo, desde el llamado cine de arte, hasta el comercial y más. Hoy en día el cine es una de las carreras más difíciles, y aunque no es una industria, a nivel nacional, se ha mantenido a flote ofreciendo una experiencia distinta cuando acudimos a las salas, cada vez de manera más frecuente. Se han hecho esfuerzos en cine de animación mexicana, pero nada como para hacer un gran ruido.

Y de repente levantaron la mano los de los medios impresos. En primer instancia los periodistas que si bien desde niños pulían su afán por leer y escribir mejor, en esos años sin duda había una oferta de periódicos más amplia. En la actualidad los periódicos subsisten de milagro financiados por otros medios o negocios que los soportan. Diferentes servicios que de alguna manera hacer de la noticia una mercancía más para consumir.

Y los de revistas que también escribían sobre diferentes ámbitos. Si bien las revistas manejan muchos intereses y se dirigen a diferentes públicos, es un género medio raro que ha subsistido en los milenarios puestos de revistas o en los locales cerrados, pero las revistas ahí siguen y se sigue escribiendo en ellas a pesar del daño ecológico.

Y de videojuegos ni hablemos, sólo había un tipo loco que se la pasaba jugando Game Boy Advance en clases, que no tenía muchos referentes ni puntos de comparación sobre lo que esta industria es en la actualidad por su ubicuidad en diferentes soportes. Hoy en día la sociedad es cada vez más videojugadora.

En fin, en aquel año, muchas ideas e intereses, no se mucho sobre lo que pasó con esa generación de estudiantes que quería trabajar en estos medios; de algunos supe que lo consiguieron de alguna forma, pero ante los nuevos cambios tecnológicos a veces los han despedido, y a veces han sobrevivido a la ola. Esa generación que entró con muchas expectativas al nuevo milenio, ha desaparecido, se ha mutado o anda vagando por ahí.


Las nuevas generaciones que afrontan este 2016, tienen a su disposición diferentes medios y formatos aún por explorar, si bien es difícil trazar una ruta sobre algún lugar o puesto en el cual trabajar, lo cierto es que lo único que pueden tener es incertidumbre, y la mejor manera de afrontarla es preparándose mucho más que como nosotros nos preparamos. Su mundo es muy distinto al que nos tocó vivir.  

lunes, 21 de diciembre de 2015

La esquina del Académico

POR. EL ACADÉMICO

Y antes de que empiecen a joder, les digo que aquí va a haber un montón de spoílers.
Pues resulta, que los de esta revista me piden que cada mes escriba algo. Mi valiosa opinión, espero la sepan valorar, será sobre diferentes cosas que andemos viendo por ahí, porque un luchador debe ser gente culta y letrada. Dicen que somos bien bestias, pero su amigo el Académico, es la crema de la crema, además que es bien aficionado al manga, al ánime, videojuegos y otras substancias prohibidas, sin lugar a dudas.
Bueno, y después de la presentación, vamos al grano, vamos a hablar del episodio VII de Star Wars, que para estas fechas, ya de seguro ya lo han visto todos. Y si no, pues jódanse, ya avisé arriba que iba a haber spoilers y van a saber quién muere y quién es hijo de quién.
Antes que nada no fui a la premier, porque un luchador no se desvela, a menos que haya de por medio alcohol, o unas buenas nalgas que merezcan la pena, o si se pueden las dos cosas mejor, y como en la función iban a haber puros ñoños vestidos con cobijas que más que jedis parecían monjas; o güeyes que habían salido con bata del baño, mejor fui a verla el viernes ya que la cosa estaba más tranquila. Y sin babosos.
Y bueno, lo primero que pensé es, ah qué caray, están chavos y se les hace fácil, pues al salir de Star Wars episodio VII me quedó un sabor amargo, y eso que me tragué un helado, dos jochos y unas palomas con coca light porque ya había comido un alambre que preparé bien servido con su pimiento, su tocino, su cebolla fileteada, sus rajas de chile serrano, y tortillas de comal porque los luchadores hemos de saber alimentarnos bien.
Ah bueno, pero regresando al tema, no es una mala película, ni mucho menos, pero carajo, repitieron la fórmula de destruir la estrella de la muerte, pero ahora más grandota, pero que se destruye igual de fácil que la anterior y está más peligrosa porque funcionaba cargandola con un sol, o sea, no se cómo está el pedo, pero guardar un sol en un planeta, como está medio peligrosa la cosa, ¿Y cómo lo guardas o qué?, o sea, si de por sí está peligroso traer un reactor nuclear, ahora guardando un sol, pues te estalla en las manos, pero en fin esa cosa explotaba casi sola. Y por ahí alcanzaron a destruir planetas con ella.
Pero bueno respecto a los protagonistas, hay sentimientos encontrados. Por un lado los rucos, es decir Han Solo y la princesa Leía. Primero sale Han Solo y dices, que joda le ha puesto la vida con los cachetes todos caídos y arrugados, el personaje es chido, sigue en su pedo de robar cosas con el Chubaca, que ese güey se ve igual pero porque los de su raza, viven más. Y yo creo por eso que Han Solo se muere en esta película, porque la neta Harrison Ford, ya no vive para grabar el VIII. Pero te vas de nalgas cuando ves a la princesa Leía, y se ve más jodida que un carro por debajo. Que mal le pasó el tiempo a la señora, la corrieron sin aceite. Digo en su época en el episodio VI cuando salía en bikini, incluso le dedicabas algunas en el baño. Pero ahora ya que la viste de anciana, ya no va a funcionar como fetiche sexual. Ya viendo eso sales deprimido, y dices, no quiero llegar a viejo. Y Luke sale al final, parece Chabelo con barbas pero más chiquito, pero también bien dañado.
Y bueno, los que más me enfadaron, son los chavos. Por un lado el morenazo que se rebela y se escapa bien fácil y que sale para cubrir la cuota, a veces medio cómico, a veces medio serio, se enamora, lo madrean, usa el sable de luz, como si cualquiera pudiera hacerlo, pero bueno. No fue hijo de Lando como muchos decía, o sea, ese camarada no era el único negro de la galaxia.
Y la morra que es la protagonista, está bien flacona, está linda, no le decía que no. Pero como va a ser la nueva Jedi, pues no se va a poder, porque esos vatos no mojan, así que pues ni modo. Pero el que si te caga las pelotas es el malo que es hijo de Han Solo y la Princesa Leía, con su cara de baboso, al principio bien malo, pero nada mas se quita la máscara, y lo mismo que en la lucha libre, se pierde la personalidad y hasta el talento. A grado tal que después hasta el negro le pone en su madre, o sea la Princesa. Y dices, si esas son las nuevas generaciones, pues estamos bien jodidos.
La historia es un tanto pesada, los efectos, el sonido y lo demás bien. Pero no llega al nivel de lo que se esperaba con las anteriores, y aunque es mejor que el episodio I, eso es lo mismo que decir que es mejor que nada. Pero bueno, había que verla, para que luego no estén fregando que esto y que lo otro, y que la fregada.

Bueno, me despido y nos vemos la siguiente semana con la crítica sabia de su amigo el Académico. Mientras tanto, échenle ganas a la vida. Y sobre todo échenle agua cuando vayan al baño y tiren unos lodos. 

domingo, 20 de diciembre de 2015

¿Por qué nos gusta Spiderman?

Por José Ángel Garfias. 



A nadie le gustan los perdedores, pero es porque nadie quiere ser un perdedor. No obstante, sentimos cierta admiración por aquellos perdedores, es especial aquellos que tienen las anécdotas mas tristes y deprimentes, y nos cae mejor ese perdedor si es alguien que supo salir adelante ante la adversidad; si bien no llega a un final feliz, al menos se ha quitado una rayita de perdedor.
Spiderman, nuestro amigable vecino, ha sido nuestro perdedor consentido por más de 50 años, el planteamiento central que tuvo su obra nos presentaba a Peter Parker un chico rodeado de la tragedia: huérfano, debilucho, incapacitado con unas gafas enormes, poco atractivo, retraído y siendo siempre blanco del abuso escolar durante toda su vida, y no es que haya sido la vida más trágica que hayamos conocido, más bien es una historia que raya en lo gris, pues si bien hubo cosas malas también habían cosas buenas como sus tíos adoptivos que en parte servían de catalizador para evitar que se suicidara o respondiera con una conducta agresiva. Hasta ahí la cosa no va más allá de lo que pudieran ser nuestras vidas a veces con altas, a veces con bajas, pero en general ahí la vamos llevando.
La magia del personaje se complementa cuando de repente recibe un regalo del destino, pues de la noche a la mañana se convierte en un superhéroe, con poderes basados en una araña, con todo lo malo que eso implica, pues las arañas son siempre blanco de repulsión y cada que aparece una, dependiendo del tamaño o se le plasta o se le tiene miedo.
El mito se consolida desde el primer número de la historia que le da origen a su carrera de superhéroe, cuando teniendo la posibilidad de detener a un delincuente, peca de egoísta, pues al no detenerlo, pudiendo hacerlo, la consecuencia directa es la muerte del Tío Ben, y el recuerdo de la frase insigne “Con un gran poder hay una gran responsabilidad”.
La muerte del tío Ben nos recuerda que hay perdedores con mucho poder, pues si bien el joven Parker ya tenía dinero, un buen cuerpo y respeto, de lo que se lamentaba era ya no de tener a su tío de vuelta en vida, sino el trauma de haber podido haber hecho algo para evitar su muerte; una desgracia se vive distinta si es un accidente, a poder saber que uno podía haber hecho algo para evitarla.
“Con un gran poder hay una gran responsabilidad” es por sí misma una frase que nos puede llevar a la creación de una religión de seguidores del araña, que bajo ese precepto practican la filosofía de hacer lo correcto en cualquier circunstancia, ya sea en las buenas, ya sea en las malas. Ya sea mientras uno es un pobre diablo, no hacer lo indebido para salir adelante, o ya sea que uno llegue a la cima, conservar la humildad y no caer en la soberbia.
Mientras que otras religiones castigan los excesos y apelan por la vida humilde, donde “solo pobres van al cielo”,; y otras tantas apelan por una vida de desapegos: la hipotética religión del araña habla de conseguir el poder para hacer el bien a los demás. Un asunto que en verdad resulta complejo, pues el poder corrompe y se vuelve una adicción. Todas las historias trágicas de grandeza hablan de un pobre diablo que ante el poder sucumbió y cayó en los excesos que de momento le dieron buena vida, pero siempre un final trágico. La moraleja de ellos sería, “al menos lo disfruté, no me arrepiento de lo que hice, ya que todos vamos a morir”.
Los seguidores del araña no podrían estar de acuerdo con lo anterior, porque hay algo que ronda sus cabezas que no los deja estar en paz, eso que se llama conciencia, sin “s”, la que les permite distinguir entre lo bueno y lo malo, la que para Parker  que se gestó entre esa vida gris, a veces con cosas buenas o malas. Spiderman a lo mejor caería en la tentación de disfrutar algo prohibido, pero la conciencia le diría que está mal, mas aún cuando tomaron eso aprovechando su situación de poder.
Los seguidores del araña usan el poder para ayudar a los demás, a veces sus seres queridos, pero también aquellos a los que no conocen. Pero a veces la gente tiene una mala concepción del poder y le tienen repulsión. Dicen por ahí que: “Alguien que tiene tanto dinero no puede ser buena persona”, “Alguien con tantos conocimientos es un presumido”, y “Alguien con tan buenas nalgas debe ser una cualquiera”. El chiste es satanizar el poder sin mirar la forma en que se consiguió. Y a veces el poder que se consigue con mucho esfuerzo es un poder que se valora, y que se usa para el bien común y no el propio. Aunque la genta a veces no lo crea.
Y ese es el drama de Spiderman que nos atrae y nos intriga. Un personaje que con sus defectos trata de hacer lo correcto, pero que al primer error es satanizado, criticado y odiado. Y que la mayoría de las veces debe pasar las tragedias sólo, sin nadie que le pueda ayudar. Pero no puede alejarse de sus deberes, porque esta comprometido con el poder y su uso correcto.

En lo personal, Spiderman ha sido el personaje con el que he crecido toda mi vida, y discúlpenme, no soy creyente de ninguna religión, pero cuando pasa una tragedia en mi vida, de esas, como cuando muere un familiar, sufres un accidente o te deja la novia, mi mente me dice ¿Que haría Spiderman ante esta situación? Y lo primero que llega es la frase célebre que calma mi ira y mi enojo, “Con un gran poder, hay una gran responsabilidad” para no decir algo que hiera más a los demás ante la falta cometida. La responsabilidad de levantarse cada día a hacer el trabajo, porque mucha más gente depende de mí. Y al final recuerdo una escena de un Peter Parker hablando ante la tumba del tío Ben en una noche lluviosa, en una de esas situaciones tan frecuentes donde el mundo se le ha caído encima a pedazos, y le pide un consejo, pues ya nada más falta que lo orine un perro. La respuesta del tío Ben “desde ultratumba” es que pasa un automóvil salpicándolo y cubriéndolo con lodo, a lo que Peter contesta: “muy buena tío Ben, muy buena”, mientras Peter esboza una gran sonrisa con lágrimas, como la que tengo en este momento al escribir estas líneas y recordar que aún se puede reír ante la adversidad.